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Santo Domingo, DN, RD:- “Las internas del Centro de Corrección y Rehabilitación de Rafey Mujeres, se están quejando con tristeza y amargura de que a ellas no se les permiten las visitas conyugales, tal como se hace con los reclusos de ese y otros recintos carcelarios del país, lo que agrava aún más su encierro.”

Tener relaciones conyugales para las reclusas es hoy día un derecho reconocido universalmente tanto por el derecho internacional como por la jurisprudencia comparada. Nuestro sistema penitenciario aún no ha regulado ese tema para garantizar el derecho a tener relaciones amorosas en las cárceles. Es una tarea pendiente.

Sin embargo, de manera expresa hay reglas internacionales de derechos humanos, constituciones y numerosas jurisprudencias que reconocen y ordenan que los estados les permitan a los presos y presas a que hagan el amor con sus respectivas parejas, y otros van más lejos, permiten que los reclusos y reclusas tengan relaciones sexuales con cualquiera.

La corte constitucional de Colombia respeto a las visitas conyugales reconoció el derecho que tienen las presas a tener relaciones sexuales en las Sentencias de la Corte: T-69 – de 2002 y T-499/03 del doce (12) de junio de dos mil tres (2003). Resuelve: Sobre el derecho al libre desarrollo de la personalidad, en razón al ejercicio de la sexualidad de las personas privadas de la libertad ha dicho la Corte: “Tanto para aquellos reclusos que tengan conformada una familia como para los que no, el derecho a la visita íntima constituye un desarrollo claro del derecho al libre desarrollo de la personalidad contemplado en el artículo 16 de la Carta.

Una de las facetas en las que se ve plasmado el derecho al libre desarrollo de la personalidad es la sexualidad del ser humano el cual debe verse de una manera integral teniendo en cuenta, por tanto, el aspecto corporal o físico. La relación sexual es una de las principales manifestaciones de la sexualidad. La privación de la libertad conlleva una reducción del campo del libre desarrollo de la personalidad, pero no lo anula.

La relación física entre el recluso y su visitante es uno de los ámbitos del libre desarrollo de la personalidad que continúa protegido aún en prisión, a pesar de las restricciones legítimas conexas a la privación de la libertad.”

El fundamento constitucional de esas sentencias de la corte colombiana es el mismo que tenemos los dominicanos en nuestra constitución, a saber, la constitución desarrolla el artículo  43 el derecho al libre desarrollo de la personalidad, cuyo derecho permite la relación sexual de los presos.

De igual manera la constitución dominicana en su artículo 7 permite y da el fundamento constitucional para que las “presas” y los “presos” en la RD se les permita hacer el amor en nuestras cárceles. Este artículo ordena que el Estado tenga como función proveer de las herramientas necesarias a las personas para su progreso personal y perfeccionamiento de forma igualitaria. A sí mismo  el Estado protegerá la familia y organizara espacio para su desarrollo integral según el artículo 55 de la Constitución. Tener relaciones sexuales entre las parejas es parte importante en la permanencia de la familia. 

El derecho internacional de los DDHH también reconoce el derecho que tiene toda persona a su libre desarrollo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 22 dispone sobre este derecho. Las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos establece en su artículo 12 dispone que: “Las instalaciones sanitarias deberán ser adecuadas para que el recluso pueda satisfacer sus necesidades naturales en el momento oportuno, en forma aseada y decente.”

Por otro lado la ley No. 224/84 sobre régimen penitenciario no dispone de manera clara y expresa la relaciones conyugales, sin embrago, si establece la organización de espacio privado para las visitas de corte privada. Del mismo modo la ley prevé las atenciones especiales para reclusas  embarazadas. Todo esto permite deducir que la permisión para tener relaciones sexuales no está tan lejos. 

Finalmente un estudio del Instituto andaluz de Criminología ha puesto de manifiesto que cuando la vida sexual y de pareja de los reclusos es buena, mejora el comportamiento y la calidad de vida de los internos. La investigación ha puesto sobre el tapete que los internos con pareja dentro de la misma prisión son los que sienten una mayor satisfacción sexual y un menor sentimiento de soledad romántica, entendido éste como el echar de menos tener una relación de pareja. Esto ha hecho pensar a los investigadores que tener una pareja en prisión con la que mitigar los efectos negativos de la privación sexual es un factor que mejora de forma inmediata la calidad de vida de los presos.

“En cuanto a la importancia de la visita conyugal, dentro del sistema penitenciario, y para destacar su importancia en la reinserción social de los privados y privadas de libertad, es imperativo, denotar, que no se trata de un capricho corporal, sino de un derecho a la manifestación de sentimientos, cariño, respeto y sobre todo de sentirse apreciado y querido por otra persona, de lo cual no puede desprenderse una persona al momento de no gozar de libertad plena, mismo que está reconocido en la Declaración de los Derechos Sexuales, en cuanto que la sexualidad es una parte integral de la personalidad de todo ser humano. Su desarrollo pleno depende de la satisfacción de las necesidades humanas básicas como el deseo de contacto, intimidad emocional, placer, ternura y amor. La sexualidad se construye a través de la interacción entre el individuo y las estructuras sociales. El desarrollo pleno de la sexualidad es esencial para el bienestar individual, interpersonal y social. Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad para todos los seres humanos.”

Países como Costa Rica, Bolivia, Colombia, España y  México, ya se ha legislado el procedimiento para la petición de la visita conyugal.