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¡Que hermoso era ser  miembro del Parido de la Liberación Dominicana en los primeros años de la formación de esa organización política!

Recuerdo cuando nos parábamos a defender la táctica y la estrategia del PLD, así como los criterios correctos sobre la historia y la sociedad que enarbolaba el líder y maestro,  Juan Bosch. Era difícil que alguien pudiera contrarrestar con argumentos serios nuestras posiciones.

El PLD desde su constitución en 1973 hasta el 1994, por lo menos fue una organización que se caracterizó por representar genuinamente al pueblo en los diferentes escenarios donde se requería su presencia, ya sea en el plano nacional e internacional. 

Es cierto que a lo interno de la organización se generaban malquerencias y conductas desviadas que querían imponer una forma de pensar totalmente diferente a los orígenes y principios boschistas. 

Pero esas inconductas pequeñoburguesas eran cortadas de raíz a tiempo, para impedir  que sus vicios se reprodujeran e impidieran la marcha indetenible hacia la consecución de sus planes estratégicos e ideológicos. 

Usted podía ser una figura de primer orden en lo económico, social y político, pero si violaba los métodos, la disciplina, los principios morales y políticos del PLD, tenía que mandarse o renunciar, porque si no, era expulsado como pulga del partido. Con lo que en realidad se sentaba un precedente de que no se estaba dispuesto a permitir ningún tipo de juego con este proyecto duartiano.

Los peledeístas habían logrado convertirse en entes de respeto por su formación y por la rigidez con que defendían sus ideales; muchas veces  lo hacían como si tuvieran una coraza de metal en su cuerpo. 

En la mayoría de las ocasiones esta valiente actitud ponía a temblar a sus contrincantes tanto de Izquierda como de la Derecha, ya que  éstos no estaban poseídos de los conocimientos teóricos y prácticos que tenían los militantes del PLD.

Pues, había que tener los pantalones bien puesto para sentarse a analizar política nacional e internacional con un militante del  PLD. Estos estaban en condiciones de discutir en cualquier esquina, parque, liceo, universidad o en un autobús del transporte urbano.

No olvido el hecho de que un peledeísta de Pedernales, Duvergé o de Dajabón, podía trasladarse a Higuey, aunque no tuviera dinero para alimentarse o el  pasaje para regresar a su lugar de origen. Solo tenía que comunicarse con cualquier calculista o militante de esa zona, para que de inmediato sin pensarlo dos veces fuese asistido, siempre de acuerdo a sus posibilidades.

En verdad no había problemas con la alimentación, con el hotel o con lo que le hiciera falta al compañero, ya que en nombre de la solidaridad y la unidad de criterios se le respondía positivamente. 

Pero al parecer todo esto era yerba y se la comieron los burros, así es.

Tampoco había forma de que el individualismo que exhiben hoy los que dirigen al PLD, impusiera la conducta  pequeño burgués que se observa en esa organización en este momento y que tanto daño ha hecho. 

Eso no era posible, debido a  que los mismos organismos donde se hacía vida política te enseñaban hacer las cosas apegado a los métodos de trabajo, a la disciplina y a la democracia interna, donde las decisiones se tomaban de forma unificadas partiendo del concepto de que la minoría tenía que someterse a las disposiciones  orgánicas impuestas sobre la base de la mitad más uno, es decir de la mayoría.

El PLD en las dos primeras décadas de su creación y formación, aún seguía siendo una organización que se caracterizaba por ser disciplinada, educada, metódica,  solidaria, meticulosa y  honrada. Con un perfil como ninguna otra institución política dominicana y de América. 

 Su firme decisión y voluntad para servir a la sociedad jamás fue puesta en duda, ni siquiera por sus más enconados adversarios atrincherados en la Derecha y en los partidos de Izquierda, quienes jamás comprendieron por razones de ceguera, envidia, celos  y por desconexión de la realidad social,  histórica y política, que el líder del PLD, Juan Bosch, fue la figura más excelsa y prominente del siglo pasado.

Bosch en vida fue el más preparado y consagrado de los líderes dominicanos dispuesto  a servirle a su patria, en aras de que esta trillara el camino del bienestar, el  progreso y desarrollo definitivo.

Los derechistas tildaban al PLD y su líder  como comunistas y de no creer en Dios, mientras que los Izquierdistas endilgándose la defensoría de los hijos de machepa también se sumaban a ese coro perverso y traído por los cabellos, con el único objetivo de detener el ímpetu con que se veía crecer al partido morado y las ideas de Juan Bosch, que se agigantaban sin que nadie estuviera en capacidad de detenerlas, por el valor de verdad que encerraban.

Ellos esgrimían a todo pulmón consignas panfletarias en contra del maestro y líder del PLD,  acusándolo y denigrándolo sin argumento alguno, que no fuera la calumnia y el chantaje como forma de frenar al más  grande de los dominicanos después de Juan Pablo Duarte y Luperón. 

¿Pero de que valió todo ese esfuerzo y sacrificio realizado por los que junto Bosch crearon y llevaron al PLD a convertirlo en una fuerza indetenible como lo es hoy?  Si quienes tenían el deber y la tarea de cumplir con la misión histórica soñada por Don Juan, que era la Liberación Nacional, se transformaron convirtiéndose en los verdugos del pueblo y en los negadores de las ideas redentoras del insigne patriota.

Eran los momentos que entonces se nos tildaba de utilizar un lenguaje párroco o adornado y de que actuábamos como  si fuéramos de la secta cristiana Testigos de Jehová. Pues la población siempre terminaba dándonos la razón en cualquier exposición teórica que expusiéramos en un debate. 

Esto desde luego porque en cada análisis que expresáramos en grupo o en una discusión con un militante o cuadro de un partido de Derecha o de Izquierda, los planteamientos lo hacíamos con consciencia y sustento del tema.

Los círculos de estudios, Vanguardia de Pueblo y la revista Teoría y Acción más la práctica política en el seno del pueblo, eran  los medios  de adquirir la formación y disciplina incólume que teníamos los seguidores de Juan Bosch. 

Así era el PLD de los años 70 Y 80 donde hasta las consignas como: “Ser peledeísta es ser un soldado, valiente es y disciplinado, teníamos que estudiarla aprendérnosla de manera rítmica y entonada.  

Sin embargo, podemos decir que esta organización ha sufrido una transformación como del cielo a la tierra al extremo que si usted no tiene dinero no vale ni una guayaba podrida.

Tampoco se valora a sus dirigentes de base y se les trata como si fueran enemigos especialmente desde el poder, claro con una intención deliberada, es decir para no resolverles o empoderarlos.

La solidaridad que mantenían con sus compañeros es cosa del pasado, pero también el estudio de la realidad social y político son cosas del ayer en esta organización. Por lo que hablar de un peledeísta es como mencionarle el demonio al pueblo que esperaba que esta lo condujera hacia la conquista modelo de vida superior donde no haya excluidos sociales, pero si equidad.

Otra cosa, los altos dirigentes que han ido a las posiciones más importantes del Estado lo quieren todo para ello. Por eso se han dedicado amasar fortuna, pensando siempre en sus hijos, mujeres, novias y queridas, pero cero compañero, éstos huelen mal para ellos.

Hay que recordar además que la OTAN siempre acostumbra a tratar con desdén y con apatía a sus propios compañeros, prefieren entregarle el poder a sus adversarios y no a las bases. Esto por temor a que  le descubran las diablurías que llevan a cabo en desmedro del país. Muchas veces desfalcando al Estado.

Francis Pérez(francispérez58@gmail,com)