Está muy en boga el fitnes. Lucir un cuerpo más que saludable llamativo es la meta ya no solo de las mujeres sino también de los hombres. Cada día más la sociedad se deja envolver por los parámetros de belleza que rigen los diseñadores de moda, el cine, las telenovelas y hasta los comics.

Ejercitarse, alimentarse correctamente, lucir hermosa o hermoso está bien en su justa medida. El problema es cuando resulta nocivo. Muchas féminas recurren a la cirugía estética para exhibir "tremendo cuerpaso" (sin medir las consecuencias) esperando algunas sentirse mejor consigo mismas y otras ser deseadas por los hombres y envidiadas por las mujeres.

Tanto hombres como mujeres se han metido en la guerra de lucir una figura de revista sin considerar que esa imagen es resultado de un equipo de trabajo detrás de cámara, enorme cantidad de maquillaje y la incomparable magia del photoshop.

Nos afanamos tanto por lo que se ve, por agradar a otros, por sentirnos aceptados sin pensar que lo  valioso en verdad no se percibe a simple vista. Que nunca lograremos agradar a todos. Que quien primero debe aceptarse es uno mismo.

Ironía de la vida, algunas mujeres empecinadas  por estirarse la piel usan como pretexto el querer retener a sus maridos y que estos no miren para otro lado. Pero esos hombres las prefieren con sus chichitos y sus estrías. Luego de ellas someterse a la cirugía es cuando ellos miran para otro lado.

El hombre aprecia más el respeto, la admiración, la atención de su mujer a que ella luzca un cuerpo de muñeca.

Ejercitar el cuerpo es bueno. Es más loable, requiere de mayor sacrificio pero produce mejores placeres ejercitar el alma, valores y principios que hagan resplandecer nuestra belleza interna.

Engañosa es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme a Dios, esa será alabada. Proverbios 31:30

"Vuestro atavío no sea el externo... sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,  que es de grande estima delante de Dios." 1Pedro 3:3-4

16/09/2014