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Entre los muchos libros que escribió Juan Bosch, hay dos que son fundamentales para el conocimiento, que sobre materia económica debe tener un político y un ciudadano medianamente informado e instruido.  Ellos son: Temas Económicos, tomos I y II.

Bosch, expone certeramente, en el capítulo –“Las consecuencias de la política de endeudamiento”, contenido en el tomo II, lo siguiente:  “Al llegar aquí entramos en un terreno que no es nada fácil para la generalidad de los dominicanos, a quienes nadie les ha enseñado nunca qué es eso de la economía y las finanzas nacionales ni con qué se come”.

Ciertamente, tal como dice Bosch, la generalidad de los dominicanos ignora esta materia, mas no así los altos dirigentes del PLD, porque estudiaron profundamente este tema en los famosos círculos de estudio a que obligadamente era sometido todo aquel que pretendía se peledeista en aquel inicio de esa nueva corriente política, que tenía a Bosch como el gran timonel.  

En esa cátedra escrita sobre las consecuencias de la política de endeudamiento, Bosch expone lo siguiente: “Entiéndase bien: el PLD no se opone a que se coja dinero prestado. Nos oponemos a que se coja para pagar déficit; a que se les pida dinero prestado a bancos comerciales que cobran comisiones y los intereses en un tiempo tan corto que lo que hacen es ahogarnos económicamente. Pero cuando el dinero se consigue a plazos largos, con intereses muy bajos y prácticamente sin pagar comisiones, y además se usa para hacer obras que son necesarias para aumentar la producción de comida, de electricidad o de facilitar el transporte, como son las represas, las carreteras, los muelles, entonces los préstamos nos parecen buenos para el país y, por tanto los apoyamos.  Lo que no apoyamos de ninguna manera es que se echen a la calle pesos dominicanos sin que tengamos una producción que los respalde.

En otro capítulo, Bosch explica de cómo los préstamos solo benefician a minorías y lo hace con los argumentos siguientes:

“El país se endeuda y de ese endeudamiento sacan beneficio algunas personas, que forman una minoría, si comparamos su número con la cantidad de habitantes que tenemos, pero a la gran mayoría no le toca nada de esos millones y millones de dólares; no le toca nada directamente ni tampoco indirectamente, porque las escuelas siguen siendo las mismas que eran antes de todos los préstamos que ha hecho este gobierno; no han cambiado ni en los edificios ni en el tipo de enseñanza que se da en ellas; los hospitales en su totalidad, siguen como andaban antes, con servicios malos, sin medicinas, a veces sin algodón para poner inyecciones; las calles de las ciudades y los pueblos siguen llenos de hoyos y de tierra”.

En éste capítulo del endeudamiento, Bosch explica por qué nos endeudamos, y al respecto nos dice:

“Aquí hay gente que sabe para qué nos endeudamos, pero no se lo dicen al pueblo; no le explican a nadie a qué se debe esa pedidera de préstamos.  La verdad es que nos endeudamos para pagar deudas, lo que quiere decir que para pagar las deudas de los préstamos de ahora les dejaremos a los dominicanos que son hoy jóvenes y hasta niños una montaña de deudas y la tarea de endeudarse ellos mismos más aun para pagar las deudas que recibirán de nosotros en herencia”.

“Hay dos maneras de manejar la economía de un país que nos evitarían caer en la cadena de deudas en que nos hemos metido: “produciendo más para vender en el extranjero o comprando menos artículos extranjeros, y al decir más, queremos referirnos a más en dólares, o en cantidad de mercancías”, pero los señores que tienen el mando de la economía dominicana no se proponen ninguna de las dos cosas; todo lo esperan de la chepa, de la suerte; piensan y actúan como los compradores de billetes y quinielas, que siempre creen, que ganarán el domingo que viene. Y así no puede manejarse algo tan serio, tan importante, como es la economía de la República”.

"Endeudar el país es echarles obligaciones encima a nuestros hijos y a nuestros nietos, que muy bien podrían acusarnos de irresponsables, sobre todo, si al mismo tiempo que los endeudamos a ellos, entregamos nuestras riquezas a la Rosario, a la Falconbridge, a la ALCOA, a la Gulf and Western y otros tiburones como ésos” (Juan Bosch 6 de diciembre de 1978)”.  A Esta lista de tiburones hay que añadirle en este tiempo a la Barrick Gold y a su FALCONDO, (nota mía).

“Naturalmente- continua Bosch- no es una casualidad que los señores que dirigen la vida económica nacional piensen y actúen así. Lo que ellos hacen se explica porque si estuvieran pensando en el pueblo y en la necesidad de que los hombres, las mujeres y los niños del pueblo tuvieran trabajo seguro, educación gratuita, salud para todo el que se enferme, tomarían medidas que perjudicarían a algunos de sus amigos, de sus compañeros de clubs, de cherchas y hasta de negocios; y eso no lo harán ellos por nada del mundo, porque para los políticos, sus amigos y compañeros están por encima de todo, y muy especialmente por encima del pueblo y de sus necesidades”.

Motivos que sustenta Bosch, para no coger prestado.

"Los grandes bancos norteamericanos son depositarios de montañas de dinero para prestarlo al Tercer Mundo, a fin de ganar cantidades fabulosas de dólares gracias a una alta tasa de interés, como lo están haciendo ahora en el caso de América Latina, cuya deuda, de 350 mil millones, aumenta diariamente debido a que los intereses no pagados pasan a ser capitalizados y en consecuencia ganan intereses y aumentan la deuda".

"La deuda externa – continua Bosch - nos lleva hacia la devaluación porque para pagar los dólares que se cogen prestados hay que coger más dólares prestados, de manera que los pagos de amortización que se hagan, no reducen el monto de la deuda, en cambio nos fuerzan a pagar cada vez más, porque a medida que pasa el tiempo aumentan los intereses que se le carga al dinero que se coge prestado. 

"Las amortizaciones  e intereses a pagar por la deuda – prosigue Bosch - solo podríamos sacarlos de una fuerte reducción de las importaciones que no afecte las importaciones de materias primas para la industria ni la de productos alimenticios destinados a la masa del pueblo; de un aumento de las exportaciones que no puede improvisarse, pero que es indispensable para multiplicar cuanto antes el  ingreso de dólares en el  Banco Central y del paso de las divisas que corren en el llamado mercado a canales controlados por el Banco Central.  De no tomarse las  medidas, y con ellas otras que tienen que ver de manera indirecta con la moneda nacional  y su relación con el dólar, la deuda externa seguirá subiendo  y acabará convirtiéndose en un monstruo económico que llevará el peso dominicano a la quiebra en un tiempo más corto  del que puede pensar un ciudadano pesimista".

Para corroborar lo revelado por Bosch sobre el endeudamiento de un país, vamos a transcribir las confesiones del norteamericano John Perkins, contenidas repetidas veces en sus libros: Confesiones de un Gánster Económico – Manipulados - y La historia Secreta del Imperio Americano.

John Perkins, es un norteamericano nacido en Hanover (New Hampshire), en 1945. Graduado en administración de empresas. Desde muy joven, en la década del 70, fue reclutado para trabajar en las más importantes firmas norteamericanas que se encargan junto al Banco Mundial (BM),  el  Fondo Monetario Internacional (FMI), Y ciertas ONG, para desplazarse por todo el llamado Tercer Mundo (Asía, Latinoamérica, Medio Oriente, y África), con el fin de persuadir a los países de esas regiones, a que incurran en préstamos, por un monto superior al de sus capacidades de pago, para financiar infraestructuras, que debían de ser ejecutadas por compañías y contratistas estadounidenses, bajo las condiciones que estas imponen; está demás recalcar, condiciones, sólo ventajosas y provechosas para ellos y para los jefes de gobierno, que consintiendo estas prácticas, se volvían inmensamente ricos, por las comisiones y sobornos recibidos, obteniendo además, apoyo político de los centros  hegemónicos de poder, para que, por medio a reelecciones amañadas, o como sea, mantenerse en el poder, tal como es el caso de Leonel Fernández con la Barrick Gold.

Años después, este John Perkins, arrepentido de todo el daño que había hecho, renunció a su empleo, y buscando purgar sus yerros y resarcir los desmanes infligidos, se dedicó a denunciar al mundo en qué consistía su trabajo de gánster económico, y quiénes, y con qué fin lo contrataban. Para ello ha escrito tres libros, ya traducidos a varias lenguas, que se han constituidos en éxitos mundiales de venta. Estos libros, tal como he referido, son: “Confesiones de un gánster económico”, “Manipulados”, y “La historia secreta del Imperio Americano”.

Es importante resaltar que este tema del endeudamiento, también es tratado por otros autores, tal como lo hace el judío norteamericano, Noam Chomsky en sus obras “Hegemonía o supervivencia” y “Piratas y emperadores”.  Juan Bosch en “Pentagonismo, sustituto del Imperialismo”. También el Judío norteamericano Howard Zinn, en su grandiosa obra: “La otra historia de los Estados Unidos”, y decenas de autores más disertan sobre la misma temática, pero me limito a estos tres, por ser los más contundentes y conocidos en el ámbito académico global.

Volviendo a los libros de Perkins, en ellos nos revela su autor, que una vez firmados los contratos sobrevaluados de construcciones de grandes obras de infraestructuras, los países suscribientes, quedaban enormemente endeudados y sujetos al control de los Estados Unidos, a través de sus instituciones (BM, FMI, y ciertas ONGs y afines), que actúan usurariamente, dictando las condiciones de pago y forzando así a la sumisión a los gobiernos endeudados. Denuncia Perkins que las infraestructuras a construir, como hidroeléctricas, carreteras, puentes, aeropuertos, puertos marítimos, y otras obras que las transnacionales en cuestión necesitaban para sus operaciones comerciales o de explotación petrolífera o mineras, eran sobrevaluadas, con el malévolo propósito de sacarle más dinero a esos países ya pobres, o paupérrimos, para seguir empobreciéndolos aún más.

Gran parte de ese dinero es destinado a financiar ominosas campañas mediáticas para condicionar la opinión pública y mantener en el poder a los grupos y sectores políticos que les permiten semejantes atrocidades.

Con estas amañadas negociaciones, del monto total del préstamo, lo que recibía en efectivo el país deudor era, o es, casi nada, porque la casi totalidad del monto aprobado, iba o va a parar directamente a la cartera de los suplidores y contratistas norteamericanos, al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, con la particularidad de que dichos pagos están gravados con elevados intereses, a tal punto, que en la mayoría de los casos los países deudores tienen que disponer hasta del 40% o más de su producto interno bruto (PIB), para pagar solo los intereses de esas deudas, por los que los países endeudados tienen que sacrificar sus metas en salud, educación, alimentación y demás programas de asistencia social.

Otro punto. Las compras de todo tipo de materiales que se van a necesitar para construir las infraestructuras, tienen que hacerse a los Estados Unidos, las cuales se sobrevaluaban hasta en un 50%, muy por encima del que tienen en el mercado mundial. Estas mercancías son, obligatoriamente, aseguradas por empresas norteamericanas, que se quedan con la mayor tajada del crédito, y además, estas mercancías tienen que ser transportadas por barcos norteamericanos, los cuales, por lo regular, duplican la tarifa de embarque.

Por otro lado, estos créditos tienen que cumplir con la cláusula de que el país deudor no puede comercializar con Cuba o Vietnam, y además estos fondos tienen que ser invertidos en la forma que ha determinado el organismo que lo suministra; que por lo regular son para construcciones de carreteras, puentes e hidroeléctricas, vitales al funcionamiento de las empresas norteamericanas establecidas y por establecerse. Exigen, además, la firma de un acuerdo de garantía, donde el Estado carga con los riesgos y desventajas, en caso de expropiaciones, nacionalizaciones, guerras, revoluciones, insurrecciones, crisis monetarias, ciclones, terremotos, maremotos, tsunamis y otros desastres naturales o antrópicos (debidos a la acción humana).

 Otra de las exigencias de estas empresas es el reforzamiento de los cuerpos represivos con equipos y pertrechos militares, con el fin de tener a su disposición las fuerzas con que puedan prohibir y destruir huelgas, sindicatos y partidos políticos con ideologías diferentes u opuestas, para encarcelar, torturar y matar, con lo que de paso también consiguen un dinerito extra con la venta de las armas y pertrechos. Por otro lado, en la venta de mercancías el gobierno de los Estados Unidos aprovecha esta oportunidad para enviar a los países nuestros una cantidad enorme de artículos, piezas y maquinarias industriales ya desechados, porque rindieron su vida útil, pero que contabilizan como parte del crédito, por millones de dólares. Estos artículos piezas y maquinarias, en su mayoría, no son utilizados en el país receptor, por lo que siempre se pudren en los muelles y almacenes. Eso sí, hay que pagarlos (en dólares) con altos intereses, y a como dé lugar.

Otra manera de dominio imperialista, es permitir a los banqueros estadounidenses incursionar en las economías del Tercer Mundo, estableciendo bancos en estos países, que compiten en la captación de ahorros con los bancos nacionales, práctica que es impensable de llevar a cabo en territorio norteamericano, canadiense, australiano, europeo o japonés, puesto que en estos Estados, todos los bancos son de factura nacional.

Con estos datos, documentados históricamente, y dados como testimonio por un protagonista excepcional de los hechos, como John Perkins, podemos colegir que el negocio de prestamista que hace los Estados Unidos, vía el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y otras instituciones, era y sigue siendo más que redondo: prestan dinero sin entregar un solo dólar al país prestatario. Con estas tácticas y estrategias puestas en práctica, ganan dinero hasta más no poder, puesto que el préstamo es, en base a presupuestos de construcción inflados y con altos intereses, sin olvidar que para más ganancias, estos préstamos establecen una partida muy grande para el pago de asesores, patentes de transferencia tecnológicas, comisión de trámites bancarios y otros trucos contables que ellos ingenian, como por ejemplo destinar una partida de miles de dólares para pagar anuncios a los periódicos de circulación por todo el territorio norteamericano, donde deben publicar estos préstamos, para dar conocimiento de los mismos a su pueblo, al cual le deben, según ellos, “rendición de cuentas”.

Estas gansteriles maneras de hacer negocios tienen otras ventajas, como son las exoneraciones de todo tipo de pago de impuestos, regalo de las tierras donde serán establecidas sus edificaciones, bajo costo de la electricidad y regalo del agua que van a requerir para sus operaciones; y además, la mano de obra que van a necesitar le sale baratísima, porque le pagan salarios de hambre a los obreros, al nivel de que tan solo puedan comer arroz con sal, tal como sucede con los obreros de las Zonas Francas.

Para darnos una idea de lo barato e injusto de los salarios que pagan las transnacionales donde se establecen, basta abordar el caso de Michael Jordan. La fábrica de tenis Nike le pagó a este deportista, en 1986, 20 millones de dólares por un anuncio de 30 segundos.   En contraste, los 75 mil empleados de todas las fábricas Nike establecidas en Indonesia, en conjunto, no devengan esa cantidad de dólares en todo un año de trabajo.

Si analizamos estos hechos en conjunto, podemos llegar a la conclusión de que para estas transnacionales y las instituciones financieras que se lucran de esta forma de hacer negocio, ello constituye más que un negocio, un latrocinio, o igual, un ladronicio agravado, porque muchas veces las operaciones de las empresas norteamericanas son financiadas con dinero a muy bajo interés que adquieren de los bancos de la naciones donde se establecen.

Pero aún hay más, las condiciones en que se firma el contrato en beneficio para la empresa, es tan leonino que a la empresa en cuestión le resulta más rentable que se presenten situaciones en la que la empresa no pueda operar, porque entonces el gobierno que firmó el contrato tiene que pagar la totalidad del dinero proyectado a ganar en un tiempo determinado, a la empresa fuera de operación.

Profundizando un poquito más, en el modus operandi de las empresas y bancos que se benefician con estas negociaciones, para sus dueños alcanzar un modus vivendi de opulencia de reyes, veremos sin mayores esfuerzos sus grandes ventajas, puesto que tienen, a su disposición, los ejércitos de su sistema capitalista global, y agencias como la CIA y la USAID, y medios de comunicación global, para acosar o derribar a cualquier gobierno y atacar a cualquier nación que se oponga a sus planes de total dominación global.

Las ventajas para estas empresas transnacionales son hasta indecentes.  Los gastos, tanto del ejército como los de la CIA y la USAID, corren por cuenta del pueblo trabajador estadounidense o europeo, porque es sabido, que los ricos están casi exentos del pago de impuestos. Todo esto con la singularidad de que el ejército del país acreditado (que también son pagados por el pueblo), también quedan al servicio de ellos, para reprimir a los obreros a macanazos y a balazos limpios, en el momento en que estos osen reclamar mejores condiciones laborales y de salarios. O sea, la perversidad es tal que oprimen al pueblo, con guardias y policías pagos y salidos del mismo pueblo.

John Perkins y Wikipedia, abundan sobre el tema

El punto que en este momento tratamos, es ciertamente muy importante para conocer a fondo la problemática que plantea el establecimiento de un imperialismo que persigue a toda costa un dominio global, con ayuda de nacionales que le sirven como agentes al servicio de sus intereses, a cambio como se ha establecido, de dinero y poder.

Por su importancia, abundaremos sobre éste tema, dejando a John Perkins que nos hablen más del asunto, cosa que hace en una entrevista concedida a Amy Goodman, la famosa periodista norteamericana, directora del programa “Democracia Ahora” (Democracy Now)

 “Yo fui un profesional de la economía, convertido en gánster económico al ser contratado con muy buen sueldo por la compañía Chas. T. Main de Boston, Massachusetts. Mi trabajo consistía en hacer endeudar a los países pobres del Tercer Mundo, prestándoles más dinero del que ellos podían pagar, para luego hacernos los dueños de sus economías. Eso lo hacían, y aún lo hacen, en confabulación con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, quienes proporcionaban la mayoría del dinero que es usado en estas gansteriles negociaciones”.

En esta entrevista, Perkins habló de su trabajo en Ecuador y Panamá, estableciendo hechos ya compendiados históricamente.  Por ejemplo, en Ecuador, Jaime Roldós estableció en 40 horas laborales la jornada de trabajo semanal, y duplicó el salario vital mínimo de los obreros, lo que equivalió en ese tiempo a unos 160 dólares.

El aporte más significativo de Jaime Roldós fue su política internacional en materia de Derechos Humanos en una época en que la mayoría de países latinoamericanos eran gobernados por dictaduras militares. En septiembre de 1980, Roldós reunió a los presidentes elegidos democráticamente en la región andina (Venezuela, Colombia, Perú) y propuso la firma de la Carta de Conducta, en la que se estableció el principio de la Justicia Universal en materia de Derechos Humanos, señalando que la protección de los derechos humanos estaba por encima del principio de no-intervención. Además, su plan para reorganizar el sector de los hidrocarburos constituyó una amenaza directa a los intereses de EE.UU.

Esta política fue cuestionada por sectores conservadores de los Estados Unidos que la consideraban una coartada para justificar la injerencia soviética en la región, especialmente en Centroamérica. Incluso en el Documento de Santa Fe, elaborado por estrategas Republicanos, se condenaba la “Doctrina Roldós”, al igual que al entonces mandatario panameño Omar Torrijos.

A raíz de la elección de Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el 4 de noviembre de 1980, estos sectores conservadores pusieron de manifiesto su oposición, de donde derivó una pugna soterrada. En enero de 1981, Roldós declinó la invitación para asistir a la investidura de Reagan, en razón de sus discrepancias en materia de Derechos Humanos, y estrechó vínculos con el gobierno sandinista de Nicaragua y con el Frente Democrático de El Salvador, que se oponía al régimen militar que gobernaba en ese país.

Sorpresivamente, el 24 de mayo de 1981, Roldós perece en un atentado aéreo, en el que toda investigación apunta a que fue una obra de la CIA.

En Panamá, Omar Torrijos, mediante el Tratado Torrijos-Carter (7 septiembre de 1977), logra la devolución del Canal de Panamá a la soberanía de Panamá, cosa que disgustó sumamente a la corporatocrácia norteamericana.

Cuatro años después de este tratado (31 de julio de 1981), Omar muere en un atentado en la avioneta en que viajaba. Al igual que la caída del avión en que murió Jaime Roldós, la caída de la avioneta en que murió Omar Torrijos apunta a ser una obra de la CIA.

“Nosotros-confiesa Perkins- “los gánsteres económicos, y los chacales de la CIA que siempre estaban detrás de nosotros apoyándonos, llevamos a cabo la tarea de persuasión con Roldós y Torrijos, pero fallamos con ellos, porque se negaron rotundamente a acceder a lo que queríamos. Torrijos era un hombre de firmes principios. Era un hombre asombroso, que pagó con su vida enfrentar el imperio”.

“Básicamente fuimos entrenados para construir y robustecer el imperio norteamericano, con la estrategia de crear situaciones, con la que se pudiera conseguir tantos recursos como sean posibles, que fluyeran a nuestras corporaciones y a nuestro gobierno. De hecho hemos tenido mucho éxito, pues hemos construido el imperio más grande en la historia del mundo.

“Este logro se ha llevado a cabo en los 50 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con muy poco poderío militar. Sólo en casos raros como en Vietnam e Irak, el ejército entró como último recurso.  Este imperio, al contrario de cualquier otro en la historia del mundo, se ha construido principalmente a través de la manipulación económica, de las estafas, del fraude, y a través de seducir a los pueblos a llevar nuestro estilo de vida”.

“Fui reclutado-nos dice Perkins- “por la Agencia de Seguridad Nacional, la organización de espionaje más grande y menos comprendida de la nación; pero finalmente trabajé para las corporaciones privadas. El primer gánster económico de esta agencia lo fue Kermit Roosevelt, nieto de Theodoro Roosevelt. A principios de los años 50, éste descendiente de los Roosevelt, derrocó en Irán a Muhammad Mossadegh, quien, democráticamente elegido, presidía el gobierno de ese país y abogaba por la nacionalización del petróleo. Kermit tuvo un gran éxito en hacer este derrocamiento sin gran derramamiento de sangre; y la que hubo fue sin intervención militar. Para este logro, él simplemente gastó millones de dólares en sobornos, y reemplazó a Muhammad Mossadegh por el Sha de Irán”.

“En ese momento, yo entendía - prosigue Perkins- “que este modo de operar de los gánsteres económicos era sumamente ventajosa, pues no teníamos que preocuparnos por la amenaza de guerra con Rusia, cuando lo hacíamos de esta manera. El problema era que, Kermit Roosevelt era un agente CÍA, lo que equivale a ser un empleado gubernamental, por lo que si le hubiesen cogido habríamos tenido muchos problemas. Habría sido todo muy embarazoso. Así que, para evitar esa controversia, se tomó la decisión de no usar organizaciones como la CÍA y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), para reclutar a los potenciales gánsteres económicos, como yo”.

Con esta condición de no ser empleados del estado, se nos enviaba a trabajar a las compañías consultoras privadas, empresas de ingeniería o empresas de construcción, para que si nos descubrían, no hubiese ninguna conexión con el gobierno.

La compañía para la cual trabajé, En Ecuador y Arabia Saudita

Como ya expliqué, la compañía para la cual trabajé era la Chas. T. Main de Boston, Massachusetts, con 2,000 empleados aproximadamente, en la cual llegué a ser el jefe de los economistas. Terminé teniendo cincuenta personas que trabajaban para mí. Mi trabajo real era hacer tratos con los jefes de Estado del Tercer Mundo, para que, dando grandes préstamos a esos países, más grande que lo que ellos podrían reembolsar, quedaran enormemente endeudados. Una de las condiciones de los préstamos, digamos de 1 billón de dólares a un país como Indonesia o Ecuador, era que este país tendría que devolver el noventa por ciento de ese préstamo a compañías norteamericanas que construirían la infraestructura. Por lo general, esas compañías eran la Halliburton o la Bechtel.

“Esas empresas entrarían y construirían un sistema eléctrico o puertos o carreteras que servirían básicamente a unas pocas de las familias más adineradas. Los pobres estarían finalmente atrapados con una asombrosa deuda que ellos nunca podrían reembolsar. Un país como Ecuador, simplemente debería destinar por sobre el cincuenta por ciento de su presupuesto nacional, para pagar este tipo de deudas, cosa que realmente no puede hacerlo, por lo que queda atrapado en un círculo de pobreza, que era nuestro objetivo, para mantenerlo bajo nuestro control”.

“Así que, literalmente teníamos en nuestras manos el país deudor; por lo que, cuando nosotros queramos más petróleo, vamos a Ecuador y decimos: “Pareciera que usted no puede reembolsar sus deudas, por consiguiente entregue su bosque lluvioso Amazónico que está lleno con petróleo a nuestras compañías petroleras”.

“Hoy estamos destruyendo los bosques lluviosos del Amazonas, forzando a Ecuador a dárnoslos, porque ellos han acumulado toda esa deuda”

“Lo propio hicimos en Arabia Saudita, hicimos fluir billones de dólares de los petrodólares de ese país, de vuelta a la economía norteamericana, y eso consolidó extensamente la íntima relación entre la Casa Saudí y las sucesivas administraciones norteamericanas.

“A principios de los años setenta, como la OPEP ejerció el poder que tenía de controlar la producción, redujo los suministros de petróleo. Eso trajo como consecuencia que nosotros tuviéramos los automóviles en filas en las estaciones de gasolina. El país tuvo miedo a estar enfrentando otro crash/depresión tipo año 1929; y esto era inaceptable. Ante esta situación, el Departamento del Tesoro me contrató a mí y a unos pocos gánsteres económicos”.

“Llegamos a Arabia Saudita a principios de los años setenta. Nosotros sabíamos que este país era la llave para deponer nuestra dependencia o controlar la situación”.

“Con gran entusiasmo trabajamos con la Casa Real Saudita el trato siguiente: Ellos estarían de acuerdo en enviar la mayoría de sus petrodólares de regreso a los Estados Unidos e invertirlos en bonos gubernamentales norteamericanos”.

“El Departamento del Tesoro usaría el interés de estos bonos para contratar compañías norteamericanas que construirían las nuevas ciudades de Arabia Saudita, la nueva infraestructura; lo cual hicimos. Uno de los puntos de estas negociaciones fue que la Casa Saudí estaría de acuerdo en mantener el precio del petróleo dentro de límites aceptables para nosotros, lo cual han hecho posible durante todos estos años, y nosotros estaríamos de acuerdo en mantener la Casa Saudí en el poder mientras ellos cumplieran su parte, lo cual nosotros hemos hecho, lo que además es una de las razones por la que fuimos a la guerra con Irak, en primer lugar”.

“En Irak, nosotros intentamos llevar a cabo la misma política que tuvo tanto éxito en Arabia Saudita, pero Saddam Hussein la rechazó de plano. Cuando yo y mi equipo fallamos en este escenario, dejamos los próximos pasos a los chacales de la CIA, los cuales entraron en acción, tratando de fomentar un golpe de estado o una revolución, o matar a Saddam. Ninguno de estos planes funcionó en Irak. Saddam tenía todo muy bien controlado, y sus guardias personales eran demasiado buenos y leales. Antes este fracaso, agotados todos los planes persuasivos, entonces se dio la invasión entre el 20 de marzo y el 1 de mayo de 2003, “ordenada” por Bush, hijo.

 Es así como los hombres y mujeres jóvenes que conforman el ejército de los Estados Unidos, son enviados a morir y a matar, en nombre de la libertad y en defensa de la nación, cuando en realidad lo que hay detrás de estas guerras es un interés petrolero, que solo favorece a las transnacionales petrolíferas, al complejo militar industrial, a las compañías constructoras y a los grandes bancos, entre otros”.

“Pero cuando ocurrió el golpe de Septiembre/11, tuve un cambio en mi corazón. Supe que la historia tenía que ser contada, porque lo que pasó en Septiembre/11 es un resultado directo de lo que los gánsteres económicos están haciendo”. (Fin de la cita de John Perkins).

Queda claro, pues, que el concepto de democracia es un concepto ficticio que el Capitalismo utiliza para hacer creer a las naciones que es el mejor sistema de gobierno y que no hay nada igual a la democracia; pero en realidad, los que gobierna el mundo es la “Corporatocracia”, o sea, el gobierno de las corporaciones, las cuales tienen cuatro pilares fundamentales e inseparables: la banca internacional, la acción de las transnacionales en el mundo, la complicidad de los distintos gobiernos a lo largo del mundo y las cadenas de Prensa Internacional, los cuales, para sus fines de gobierno global, se posiciona en los países por medio de estos 4 niveles de influencia, donde, dependiendo de la resistencia que haya en cada uno, se irá requiriendo de acciones más “concretas”: primero la acción de los “terroristas económicos”. Si esta táctica tampoco funciona, entran los “chacales” de la CIA a limpiar el terreno, y finalmente, si esta opción no funciona, entra la última que es la invasión militar y los golpes de Estados. Todo ello ha generado hambre, pobreza, miseria y corrupción, que son los factores que permiten a los Estados Unidos y a Europa mantener el control de los países del Tercer Mundo con la ayuda de sus lacayos del patio.

Sin mayores detalles, lo explicado sirve para ilustrar como en la Republica se ha implementado el mismo sistema de préstamos y apropiación de recursos naturales que a otros países, que como  al nuestro, han arruinado intencionalmente, con la confabulación de los lacayos de siempre, en esta ocasión, jerarcas peledeistas y empresarios desaprensivos, que actuado como agentes al servicio de intereses foráneos a cambio de dinero y poder, han vendido y entregado nuestra patria a la voracidad del capital extranjero.  Y lo hacen a sangre fría, sin importarles la suerte del país y sus connacionales.

En este contexto, el General Lázaro Cárdenas del Río, describe esta situación de entreguismo y sus razones, con estas palabras: “Gobierno o individuo que entrega los recursos nacionales a empresas extranjeras, traiciona a la Patria. Sin embargo, en estos tiempos, desgraciadamente, puede más la corrupción que el patriotismo."

Si esta sentencia de Lázaro Cárdenas, la conjugamos con el postulado: “Instituciones políticas y programas de un país dependen de quien ostenta el poder” y con el axioma: “Cuando el saqueo se convierte en un modo de vida para un grupo que vive en sociedad, estos crean para sí mismos en el transcurso del tiempo, un sistema legal, que los autoriza, y un código moral que los glorifica”, entonces, la derivación de esta ecuación, nos explicará perfectamente, los porqués, de todo el desastre, que es hoy la Republica Dominicana, y nos resaltará la existencia de malos dominicanos, que como Leonel, Danilo, Félix Bautista, Víctor Díaz Rua, la mayoría de los congresistas y un empresariado voraz y servil, que con el mayor desparpajo, hemos visto, defiende el cumplimiento de contratos lesivos al país, en nombre de una seguridad jurídica que no existe para ningún ciudadano de a pie.  

Hablo de esos empresarios que se han cogido para ellos solos, los beneficios económicos generados por el fuerte crecimiento económico que hemos tenido en los últimos años.  Me refiero también, a miles de malos dominicanos más, como los que constituyen la corporación económica peledeista y de otros tantos, que hacen el papel de agentes al servicio de intereses extranjeros.  Sólo la existencia de semejante claque y su confabulación, hacen posible el otorgamiento del leonino contrato a la Barrick Gold, la claudicación con Loma Miranda, la venta de nuestro Territorio Nacional por precios viles, las dañinas y absurdas privatizaciones, el otorgamiento de contratos con concesiones inauditas a las empresas eléctricas, de comunicación y de administración de puertos, aeropuertos y carreteras entre otros.  

Tampoco fuera posible, de ser otros los dirigentes del país, la negación de la nacionalidad dominicana a nacionales de descendencia haitiana, la dañina inmigración, principalmente la haitiana, la corrupción con robo rampante del erario, el secuestro de la justicia, la tanta desigualdad social e injusticias, la tanta delincuencia, y entre otras barbaridades, tampoco sería posible contraer una deuda externa que compromete nuestra Soberanía Nacional, por secula seculorum y que por demás, nos condena a la pobreza eterna, porque la deuda contraída es impagable.  

Amigo lector empobrecido, denigrado y excluido, si después de esta lectura, aún usted defiende a ésta gente y a los imperios que obran en contra nuestra, entonces, usted se merece las miserias y calamidades que está padeciendo, y que Leonel Fernández y toda su gente, lo sigan maltratando, burlando… y robándole la vida, mientras aprenda que el problema número uno del mundo no es económico, sino ético, porque perdimos la visión del bien común, de pueblo, de nación, de civilización, debido a que el capitalismo nos ha infundido la noción perversa, de que la acumulación de riqueza es un derecho y que el consumo de lo superfluo es una necesidad. (Parafraseando a Frei Betto).