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La encuesta Gallup Dominicana-periódico Hoy, entregada este jueves 11 de septiembre de 2014, acaba de confirmar una serie de análisis que he estado publicando en Acento a lo largo de meses: Danilo Medina determinará quién será el próximo presidente de la República y con toda probabilidad se hunden políticamente Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado, arrastrando también a Hipólito Mejía.

Más que por su carisma, por su forma de gobernar, Medina se ha colocado como un gigante ante estos tres políticos a los que, aun cuando el pueblo dominicano sabe que constitucionalmente no puede reelegirse, les lleva entre 30 y 70 por ciento de ventaja. Más aun, la mayoría de los dominicanos (65.7 por ciento) está dispuesta hasta a aceptar una reforma constitucional para facilitar la reelección de un gobernante, frente al 31 por ciento que se opone. Eso da la magnitud de la resignación de un pueblo cuando no tiene opciones creíbles a la vista y acepta el mal menor.

Personalmente dudo mucho que Medina, pese a ese creciente deseo popular de que continúe en el poder, se atreva a propiciar o aceptar una modificación de la Constitución simplemente para intentar reelegirse desde el poder como actuó Hipólito Mejía en 2002.

Ese paso malograría su aura de bonhomía y lo incluiría dentro de la lista de los políticos ambiciosos que llegan al poder y no quieren soltarlo con su secuela histórica de dictaduras, corrupción y pérdida de la soberanía que ha acarreado el continuismo desde la fundación de la República Dominicana. Realmente eso no le conviene desde ningún punto de vista.

Si da ese paso o pacta respaldar a Leonel como candidato, la situación cambiaría totalmente para Medina y se tendría que enfrentar a nuevos escenarios que no presagiarían nada bueno para él en el futuro inmediato y mucho menos a largo plazo.

El capital político de Medina para el 15 de mayo de 2016 –reitero como dije el 1° de mayo de 2014 en mi artículohttp://acento.com.do/2014/opinion/3390108-triste-final-para-leonel-y-miguel/ - está en buscar un acuerdo tácito con uno de los precandidatos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para darle apoyo político para que gane la convención interna a la candidatura presidencial a cambio de él obtener mayoría en las candidaturas más importantes en los ámbitos legislativos y municipales como paso previo a dominar la selección de los jueces de la Junta Central Electoral, la Cámara de Cuentas y a su tiempo las altas cortes.

Ese sería un bocado de poder nada despreciable para un ex presidente que por demás hundiría a su competidor interno (Leonel) y externos (Hipólito y Miguel Vargas). Luis Abinader sería un potencial rival, pero con menos poder y carente de experiencia política para enfrentarlo en el futuro.

Ya Medina –ayudado por la acción filantrópica de su esposa Cándida Montilla-  acabó con la “empatía” política  que había logrado la actual vicepresidente Margarita Cedeño de Fernández. Sus números en esta encuesta la sacan de cualquier escenario competitivo como los que disfrutó en el pasado.

Las fuerzas de “izquierda” y movimientos alternativos siguen siendo muy marginales porque carecen de la sensibilidad (es la palabra más condescendiente) para entender la realidad y formular una estrategia que transforme su ilusión en un programa y en una bandera política de las grandes masas que las ayude (a las grandes masas) a dejar de ser las cómplices de la corrupción, de la falta de institucionalidad, de la impunidad y la ignorancia colectiva del deber ciudadano.

Una parte de la “izquierda” ha convertido la lucha porque Loma Miranda sea parque nacional en su programa máximo (ya anulado por Medina) y para ello cuenta con monseñor Antonio Camilo, obispo de La Vega y el senador Euclides Sánchez como aliados estratégicos para esa batalla reivindicativa que han elevado a la categoría equivalente de la toma del poder. Creo que ni siquiera así van a aprender que el luchismo no representa nada cuando se carece de una estrategia política en la que la acción es solo un esfuerzo táctico y una victoria un factor de acumulación social y política que se expresa en lo orgánico y adopta determinadas formas de poder.

La otra parte de la “izquierda” va fortaleciendo un acuerdo con el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y algunos intelectuales próximos al antiguo Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en la llamadaConvergencia por un Mejor País, en la que si no hay un terremoto político, la candidatura presidencial será de Abinader, mientras media docena de grupos levantarán candidaturas a posiciones legislativas y municipales que estarán dominadas por el particularismo de cada bandera política. Otra vez esa “izquierda” se esfuerza al máximo en unas elecciones para no ganar nada, ni siquiera experiencia.

A pesar de la existencia de excelentes condiciones objetivas, este país carece de un factor subjetivo que sea capaz de colocar la política como el centro de su accionar, estudiar y prepararse para entender la realidad, vincularse con las grandes masas para conocer su estado socio-político, organizar las nuevas fuerzas motrices de un proceso transformador que rompa radicalmente toda la complicidad político-judicial de la corrupción, que abra las compuertas de la participación política a las masas sumergidas en la ignorancia.

Eso proceso daría un salto de calidad creando un partido político democrático, opositor, decidido a luchar por los grandes cambios que harían de República Dominicana una nación incluyente, equitativa, participativa, avanzando al desarrollo sostenible y estrechamente vinculada a los avances de América Latina en materia de educación, salud, protección del medio ambiente, aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y la inversión extranjera, uso de las tecnologías para impulsar la producción y la cultura.

Un partido de ese tipo tendría futuro si no es maximalista, sin prácticas extremistas, si se dota de una estrategia que coloque a las grandes masas como sujeto de su propio destino y a los oprimidos como administradores de su propia ira para que aprendan a convertir su indignación en acción política independiente.

Cualquier otro camino es intentar ir de Santo Domingo a Higüey saliendo para Monte Cristi y cogiendo una yola para Cabo Haitiano.

Autor Felipe Ciprián

Es licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y como periodista fue jefe de redacción de El Caribe, del diario Hoy y de Listín Diario, en los que además se desempeñó como editorialista y columnista.

 @FelipeCiprianp