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A mí me podrán dar esperanza diciéndome que cuando Hipólito Mejía y Luis Abinader se pongan de acuerdo con respecto a la candidatura  presidencial de la República, habrá un giro en el espectro político nacional, pero al día de hoy, la oposición da muestras fehacientes de estar  atada de pies y manos.

Del Partido Revolucionario Dominicano no espero nada nuevo y bueno, porque sus cenizas apuntan a colocarlo en el camino de convertirse en una organización bisagra.

De este lado no hay discurso, es decir no hay contrapeso, y lo digo, porque acaba de freírse en la respuesta a la Ley General de Partidos y Organizaciones Políticas.

La oposición, sin respuesta, guardó hermético silencio ante la desaparición de otro avión de un hangar del Aeropuerto Las Américas.

Los grandes temas nacionales, incluyendo, narcotráfico, impunidad y corrupción, explotan en el plano internacional, porque en el país, a la oposición ni les huele ni les hiede.

Quienes deben fungir de gabinete de la sombra fallan una vez más ante el supuesto soborno que envolvió la compra de los Aviones Súper Tucanos, en donde solo se menciona a un teniente coronel y no a todo el que está metido en ese rollo. En este sentido, si hubiese oposición el nombre del senador, como el corcho, hubiese flotado, pero no, lo que hay es una desconexión política, a la espera solo de que los peledeísta exploten por su propia cuenta, como al efecto lo están haciendo. 

Y ahora se le puso el cascabel al gato, porque el principal candidato del Partido de la Liberación Dominicana, en su reciente visita a los Estados Unidos, junto a su comitiva, fue entrecogido por una franja de la diáspora dominicana, quien que le vociferó todo tipo de improperios, entre los que se escuchan por las redes sociales el de "ladrón y chapeadora", pero de eso nadie se entera, porque los éticos, los Castillo, las bocinas y papagayos a sueldo le dan archivo definitivo.

Mientras todo eso sucede, el PLD gobernante saca los temas neurálgicos de la palestra pública y los llamados “partidos de oposición”, dormidos  en sus laureles y con las pilas gastadas, unos buscan ser legalizados por la JCE y otros se la pasan realizando operativos de salud, remodelando casitas en pueblos del interior y juramentando reducidos grupos de adeptos.