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El ébola es una triste realidad africana que afecta a una población pobre, que debido a la escasez, se ve obligada a comer murciélagos, monos y otros animales salvajes. Esta realidad gráfica la podemos comprobar al recordar el brote que ocurrió en Gabón en 1996. Este empezó cuando un grupo de niños que iban de caza, encontraron un chimpancé muerto, lo llevaron a su aldea y allí lo comieron. El problema era que el chimpancé estaba infectado y 31 de los miembros de la aldea enfermaron de ébola, muriendo 21 de ellos.

Se acepta por lo general, que los huéspedes naturales del virus del ébola lo son, los murciélagos frugívoros de la familia pteropodidae. Al parecer los chimpancés no pueden hospedarlo, pues mueren al contagiarse. A pesar de los avances experimentales de los últimos meses con el suero ZMapp y el TKM, no hay tratamiento específico disponible contra el ébola, ni una vacuna aprobada para las personas, ni los animales y la tasa de mortalidad puede rondar el noventa por ciento de los casos de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según Ether Sterk de la organización Médicos sin Fronteras, el ébola es “especialmente temible, porque el organismo no lo detecta de inmediato y cuando el organismo reacciona, en muchos casos, ya es demasiado tarde”. El viernes 8 de agosto, la OMS decretó el estado de emergencia sanitaria internacional y recomendó realizar restricciones de viajes de personas susceptibles de estar contaminadas e incluir análisis de sangre.

Así las cosas, las historias que rodean al virus dibujan tal escenario apocalíptico que la gente manifiesta un gran temor, como si fuese algo sobrenatural, y es que los terribles síntomas del ébola, con hemorragias internas, despiertan el pánico entre la población, tanto así que, quienes han tratado con emergencias de ébola aseguran que se trata de dos epidemia en una, la de la salud y la del miedo.

Desde 1976, fecha de la primera epidemia registrada al día de hoy, han muerto de manera aproximada 5,021 personas por ébola, 3,431 de ellas en la actual crisis, con preponderancia en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria. Sin embargo de acuerdo con Xavier Aldekoa  corresponsal en África subsahariana, para el periódico Vanguardia y cofundador de la editora Muzungo, que elabora reportajes para la cadena TeleSur, estas cifras de fallecidos están lejos de la de otras enfermedades africanas más devastadoras, como la malaria que en el año 2013, mato cada día unas 1,726 personas o los cerca de 4.110 que murieron cada día por causas relacionadas con el sida.

Pero la diferencia pareciera ser, los daños colaterales de la epidemia, ya que ataca tres Estados muy débiles, con sistemas sanitarios en descomposición, como ha señalado el International Crisis Group (ICG). No hace tanto que Liberia, Guinea, Sierra Leona y sus vecinos padecieron guerras civiles. En una crisis como la actual, donde la población es presa del miedo y la desesperación, la violencia y los enfrentamientos pueden ocurrir de nuevo.  Aunque la comunidad internacional se ha convencido del peligro, su reacción no ha tenido la celeridad requerida por el problema.

La OMS calcula que para noviembre de este año, habrá un número superior a los 20,000 afectados. De hecho el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 18 de septiembre pasado emitió la resolución 2177, en ella se establece que la epidemia de ébola, es una amenaza a la paz y seguridad internacional, y urge a los Estados miembros a brindar apoyo financiero, político y sanitario para contenerla. Sin embargo, la revista médica The Lancet ha publicado un comunicado donde 50 científicos europeos acusan de negligencia e inacción a los gobiernos de Europa y proponen medidas para facilitar el fin de la epidemia.

La propia ONU habla de descoordinación entre los principales planes de ayuda, señalando que los tres grandes donantes coinciden en las medidas: enviar personal sanitario, equipamiento médico y construir centros de asistencia sanitaria y hospitales. Estados Unidos a Liberia, Reino Unido a Sierra Leona y Francia a Guinea. El problema es que las negociaciones han sido bilaterales, cada uno por su lado, a excepción de parte de la ayuda canalizada a través de los organismos de la ONU.

En lo que concierne a nuestra región, el riesgo de un brote en el Caribe es bajo. En la actualidad se controla el tráfico de personas en las zonas de riesgo, incluyendo turistas de regreso, visitas de familiares o laboratorios que trabajan en el brote. Desde el jueves 31 de julio de este año, el Centro de Control de Enfermedades estadounidense recomienda no hacer viajes no esenciales a Liberia, Nueva Guinea o Sierra Leona.

En caso de que el virus llegase al Caribe, al tratarse de un virus que se contagia por contacto directo y teniendo en cuenta la no existencia de mecanismos de control eficientes, sistemas sanitarios estatales no muy desarrollados y la falta de conocimiento acerca de la amenaza entre la población, la difusión del virus sería muy difícil de controlar.

Por esto se impone que para entrar en cualquiera de los países de la región, y en el caso específico de la República Dominicana, los viajeros que procedan de zonas de riesgo deban realizar una declaración sanitaria supervisada por técnicos de Salud Publica entrenado para ello.

Otro posible punto de entrada del ébola, en el caso nuestro, podría ser el de la inmigración indocumentada que entra a través de la frontera con Haití, por lo que se hace una necesidad inminente establecer un cordón de sanidad, paralelo a un cordón de seguridad fronterizo. Para esto habría que reforzar al CESFRONT, aumentado su fuerza autorizada, así como su fuerza operativa. También dotarlo de equipamientos y entrenamientos específicos.

Puntualizando, este virus produce la llamada fiebre hemorrágica del ébola, una enfermedad vírica aguda grave que se caracteriza por la aparición súbita de fiebre, debilidad intensa y dolor de músculos, cabeza y garganta, asociada a vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática y, en algunos casos, hemorragias internas y externas. El periodo de incubación varía de 2 a 21 días. Se cree que el contagio está relacionado con el contacto directo con sangre y secreciones de animales o pacientes, ya estén vivos o muertos.

Los expertos, insisten en la formación de alianzas y la cooperación para hacer la lucha eficaz, sobre todo educar a la población, y no escatimar recursos para mejorar y hacer eficientes los mecanismos de control y atender los sistemas sanitarios estatales, con ello sería más fácil controlar la difusión del virus.

Por Alfredo de la Cruz