Destelao.com te informa:

Antes de la Brigada Gregorio Urbano Gilbert, conformada por 38 dominicanos, partir hacia Nicaragua para participar en el año 1980 en la Cruzada Nacional de Alfabetización, visité al doctor Antonio Rosario, entonces rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con el propósito de venderle unos libros como colaboración para el proyecto del viaje.

Me recibió y escuchó con mucha atención los pormenores de la gran labor social que pretendíamos realizar, pero antes de comprarme algunos ejemplares de “El Ingenio” de Moreno Fraginal, me dijo: “a ti es al que hay que alfabetizar”.  En ese momento, con apenas 21 años e iniciando el colegio universitario, no entendí lo que el doctor Rosario me quiso decir;  fue en el fragor de la práctica en las lomas de Nicaragua que comprendí que yo me estaba alfabetizando, al movilizarme en torno a la solidaridad y la responsabilidad social.

Paulo Freire, el gran pedagogo de los oprimidos, define la alfabetización como un acto político con implicaciones pedagógicas.  Político, porque el alfabetizando se empodera de su propia realidad, en una perpetua transformación personal y social; pedagógica porque va construyendo con palabras, métodos, normas e ideas los caminos de la colectividad.

La alfabetización implica la movilización de toda la sociedad, todos los sectores se involucran en su cotidianidad con el acto de alfabetizar: los ministerios con su personal, en especial los de Educación y Cultura; los sindicatos, las asociaciones de productores, las empresas de servicios, los centros educativos privados, las universidades, las iglesias de diferentes denominaciones, y todas las instituciones sin fines de lucro, incluyendo los clubes y las ONG, se unen en función de erradicar ese mal de los tiempos modernos. El alfabetizador se alfabetiza.

No es posible la alfabetización excluyente, que sólo involucre a una parte de la sociedad o del sector interesado.  Las acciones que se llevaron a cabo en muchas partes del mundo sólo con la participación de las iglesias y las ONG no han surtido los efectos deseados, ya que los alfabetizandos, en el mayor de los casos, vuelven a su estado de analfabetismo absoluto, si no se mantienen articulados en su quehacer diario a la exigencia de su condición de sujeto hacedor de cosas; por ejemplo: si es un obrero de una fábrica debe estar articulado a determinado tipo de organización; un campesino a una cooperativa o asociación de productores o a cualquiera actividad donde tenga la necesidad de leer, escribir, discutir sobre determinados temas para tomar decisiones y poner en práctica lo aprendido.

Por experiencia histórica conocemos que en 1941, durante el régimen dictatorial de Trujillo, se crearon cinco mil escuelas que funcionaban como centros de alfabetización, pero basadas en la obligatoriedad, promulgándose posteriormente una ley que sancionaba con penas de multa y/o prisión a los adultos analfabetos que se negaran a asistir a dichos centros.

Luego de la desaparición de Trujillo surgieron otras iniciativas de alfabetización: tales como la de Radio Santamaría en la década del 1960 y la de Alfabetización y Literatura (ALFALIT).

En el año 1967 se inició un plan nacional de alfabetización con técnicos venezolanos, tomando como proyecto piloto los barrios Simón Bolívar y Capotillo; en ese sentido se implementó otra campaña en 1970-1971 con la inscripción de 124,756 adultos analfabetos, de los cuales solo se promovieron 16,243; igual sucedió en 1973.  El último programa de carácter nacional fue el Programa de Educación Ciudadana, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco; y así podríamos mencionar varios esfuerzos focalizados, cuyos resultados no impactaron de manera significativa en la reducción de esta problemática a nivel nacional.

Sin embargo, las experiencias de jornadas nacionales y movilizadoras de alfabetización como las desarrolladas en Guinea Bissau, Cuba, Nicaragua,  en décadas atrás; y en otras naciones sudamericanas en los últimos años, han tenido un impacto positivo en la educación y una real reducción del analfabetismo.

En Nicaragua el involucramiento de todos los sectores de la sociedad fue tan significativo e integrador que los autobuses destacaban una letra del alfabeto y una palabra vinculante a esta, igual ocurría  en las orientaciones inscritas en los productos de primera necesidad; los diarios y otras publicaciones presentaban recuadros dentro de sus páginas, para que los alfabetizandos y alfabetizados pudieran leerlos.  Esa movilización fue repetitiva y reflexiva  durante el tiempo que permaneció la campaña y posteriormente continuó con el programa de Educación Popular.

La tasa real de analfabetismo puede incrementarse o reducirse en la medida que se aplique un censo o prueba del analfabetismo, porque mucha gente, por haber alcanzado un nivel de instrucción alguna vez en su vida,  en términos estadísticos se reportan entre los que saben  leer y escribir, pero la realidad puede ser otra.

Si aplicamos la prueba inicial en asociaciones, juntas de vecinos, comités de amas de casa, clubes, cooperativas de campesinos y sindicatos, por ejemplo, nos daremos cuenta de que los analfabetos son más de los que pensamos.

Como experiencia, la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua, para saber en realidad el nivel de analfabetismo y como parte de la metodología implementada, aplicó la Prueba Inicial que consiste en cinco pasos: Hacer una raya, escribir su nombre y apellido, leer ocho o nueve palabras de su entorno lexical nacional, escribir las mismas palabras que leyó (dictado), leer una oración y contestar de manera oral dos preguntas contenidas en la lectura.

 Somos conscientes de que transcurridos 31 años, después de mi experiencia en el país centroamericano, las cosas han cambiado mucho, y las metodologías pedagógicas han evolucionado, pero  la imagen de la cual se desprende la  palabra generadora sigue siendo un método efectivo para la enseñanza.

Los aportes de los cubanos, quienes desde el origen mismo de los programas de alfabetización desarrollados en todo el mundo, han estado presentes como protagonistas de primer orden y creando su propio método: “Yo sí puedo”, de indiscutible éxito.

La alfabetización como movilización no se logra en meses, se toma años, desde su concepción hasta lograr un programa especial para los alfabetizados.

En el caso del Plan Nacional de Alfabetización Quisqueya Aprende Contigo, partiendo de que el programa de gobierno del presidente Medina fue concebido sobre el análisis de las problemáticas, políticas, económicas y sociales que afectan a la República Dominicana y, por ende, sobre soluciones concretas y realizables, debemos apoyarlo sin reservas; cada actor de la sociedad debe movilizar sus fuerzas para combatir el analfabetismo.

Para lograr el éxito en nuestro país del Plan Nacional de Alfabetización todos los dominicanos y dominicanas debemos hacer nuestra la frase del presidente Danilo Medina cuando dijo: “La educación es el otro nombre  de la Libertad”.

El autor es Antropólogo Social 

Por Pedro Taveras (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)