Destelao.com te informa:

Este el momento preciso y la hora perfecta para darnos cuenta si el pueblo dominicano tiene dolientes.

Este es el momento de los descalzos, los descamisados y los de un solo calzoncillo de oponerse al machetazo fiscal del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, de Danilo Medina  y Leonel Fernández. Movimientos obreros, amas de casa, desempleados y estudiantiles, a las calles a combatir el hambre que quieren profundizar los nuevos verdugos morados.

Hace falta  el venezolano Arturo Uslar Pietri, para que nos ayude a organizar la “marcha de los pendejos”.

Sociedad civil, grupos populares y los hombres y mujeres de lucha, a tomar las calles contra los impuestos.

No hay justificación que valga para que este gobierno coloque gravámenes a la comida de los más pobres.

Los come-frituras debemos ser los primeros en dar el paso hacia delante. Rafael Sánchez (Jack Veneno), no debe quedarse cruzado de brazo, más debe retomar su lucha y acompañarnos, no contra la cuadra ruda del norteamericano Rick Flair, Vampiro Kao y Relámpago Hernández, sino contra los malvados que abusan de su pueblo.

Los nuevos impuestos se han pasado de la raya  y hasta el gofio que una vez nos puso hablar disparate con la boca llena ha sido gravado de forma grosera.

Pero no solo esta merienda infantil, desaparecida de la escena escolar y barrial ha sido victima de la barbarie impositiva, sino también la víscera de la vaca, el puerco y el chivo han recibido estocadas mortales de los estrategas económicos.

Qué mortal dominicano va aceptar religiosamente que el mondongo, el bofe, la morcilla, la tripita, el pipián, la cadeneta, el vaso y los cueritos de chicharrón, reciban tan feroz golpe. 

Ayer nos dijeron que la economía estaba blindada y hoy escuchamos a los economistas del gobierno decir que la reforma fiscal representa un trago amago,  que tenemos que bebérnoslo cojan.

Nosotros no somos los culpables del déficit fiscal, ni los responsables de los más  de 60 mil millones de pesos que el PLD gastó en campaña para quedarse en el disfrute del poder político. ¡No señor, no al machetazo!