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“…Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía….” (Simón Bolivar)

La reelección presidencial indefinida ha tenido consecuencias funestas para la República Dominicana  debido a que ha sido responsable históricamente de los grandes conflictos y desatinos en la conducción política de la Nación. La peor  de todas las consecuencias ha sido el embobamiento de la conciencia nacional  con una población enajenada que es conducida mecánicamente a las urnas  arrodillada ante sus malos gobernantes.

 

Los peligros de la reelección son tan viejos como la misma humanidad y ya desde el Siglo XVIII el 15 de Febrero de 1819, el líder de América Latina, Simón Bolívar,  desentrañó la esencia nefasta del continuismo  en  la región y planteó su remedio en una pieza oratoria sin desperdicios,  que tiene plena vigencia hoy día. “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los Gobierno Democráticos. Las repetidas elecciones  son esenciales en los sistemas populares porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”, proclamó el más grande y visionario estadista de América en 1819.

Bolívar  (1783-1830), quien apenas vivió 47 años, fue el líder que con su  espada liberadora dirigió los heroicos ejércitos que llevaron la libertad y la independencia a Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y otras naciones de la región colonizadas por el imperio español. Su sueño era ver gobiernos elegidos cada cuatro años, sin monarquías, sin noblezas  ni dictaduras, con democracia plena,  libertad de expresión y religión, progreso económico  y bienestar social, honestidad en la conducción política del Estado, con los tres poderes independientes, y elecciones libres siempre  en  América Latina, como lo hacían las grandes democracias europeas de Inglaterra y Francia. Su sentencia fue clara y precisa: “Un justo celo es la garantía de la Libertad Republicana, y nuestros Ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo Magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, les mande perpetuamente”.

Tras condenar el “triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y el vicio”, fue más a fondo en su análisis de la realidad social de Latinoamérica de su tiempo al ver que no habíamos podido adquirir ni saber ni poder ni virtud como pueblos sometidos, con apenas 16 millones de habitantes en toda la región. “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es hija de las tinieblas; un Pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la Libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia”, escribió nuestro inmenso  Bolívar hace 192 años. Su pensamiento clarividente conecta asombrosamente con la realidad política, social y económica de de hoy día, sin nada de desperdicio, en la  República Dominicana donde las consecuencias más funestas de la reelección, desde la Independencia de 1844 hasta nuestros días, son las siguientes:

Ha devorado el Presupuesto General de la Nación al desviar los en gastos públicos a renglones no prioritarios ;                                                                                                                                                                          Ha desatado fieras y furiosas  luchas de poder, divisionismo en el seno de  los partidos gobernantes;                                                                                                                                                                        Ha promovido  el uso de los recursos del Estado en forma abusiva en la competencia electoral ;       Ha originado violencia,  tensión,  persecución política, derramamiento de sangre  y violación  a los derechos humanos ;                                                                                                                                               Ha profundizado  la pobreza extrema y la marginalidad  a niveles inaceptables                                                           Ha generalizado  la  corrupción administrativa y fortalecido  la  impunidad                                                                                             Ha desgastado el modelo político por su incapacidad  para  dar  respuesta al desarrollo humano                  Ha afianzado  el caudillismo  como modelo  de atraso  social  y conversión de nuestros gobernantes  en  insustituibles                                                                                                                                                                 Ha destruido  la  fe en la democracia  como expresión de  justicia social  y económica                                     Ha  tiranizado  a  nuestros  gobernantes   al  romper la alterabilidad natural en el ejercicio del poder, esencia de  la democracia

En  franco contraste con las sólidas  riquezas  producidas  por  el  aparato productivo  y financiero en los últimos  50 años, el sostenido crecimiento macroeconómico como primer deber de la democracia en cualquier Estado Moderno, los partidos  políticos dominicanos han fracasado en la distribución justa de esas riquezas. La economía ha crecido, el país ha progresado, pero el empobrecimiento de la gente ha subido. Ocho millones de dominicanos  (80% de la población) sin derecho a una vida decente.

Un partidismo rapaz  que  ha enriquecido ilícitamente a varias  generaciones gobernantes a través de la corrupción administrativa  –dinero en manos de gente sin apellido ni herencia que llegó descalza al poder--  ha provocado el fracaso del liderazgo político nacional. La democracia ha creado muchos nuevos ricos, pero ha multiplicado nuestros pobres.

El  Estado ha quedado inmerso en una especie de “quiebra  moral y económica”  porque  los recursos destinados a combatir la miseria y empujar el desarrollo de la Nación  han sido secuestrados por las generaciones que han detentado el poder , tras la caída del dictador Rafael Leónidas Trujillo en 1961. El capitalismo nace con Trujillo.  Es el gran constructor de las bases económicas del Estado y el progreso material del país en sus 31 años es indiscutible. Toda la infraestructura  vial, y la riqueza material del pueblo dominicano, incluido el saneamiento de la economía con el pago de la deuda externa  e interna, fue  obra de Trujillo.  Creó todo el sistema bancario y financiero y las primeras grandes empresas agrícolas e industriales de la Nación.  Colocando aparte de su maquinaria política sangrienta, Trujillo fue  un estadista excelente. Lo sostienen todos nuestros grandes historiadores. Trujillo desarrolló la primera ola de  ricos del siglo XX en  la República Dominicana. Ahora bien, ni dedicó recursos a impulsar la educación (el analfabetismo era de un 75%, aunque la población era de apenas  2 millones de habitantes) ni tampoco produjo  bienestar material  en la población.

“Quizás el éxito mayor del régimen de Trujillo ha sido el balance de su presupuesto y creciente aumento, la liberación de las aduanas en 1940, el pago de su deuda externa (RD25 millones de pesos adeudados a Estados Unidos)  e interna y el mantenimiento de la nueva moneda nacional a la par” (1), afirma  el intelectual español  anti-trujillista asesinado por la dictadura, Jesús Galíndez, quien estudió en la Universidad de Columbia y fue secuestrado o en Nueva York y muerto en Santo Domingo, por todo el contenido de ese libro “La Era de Trujillo”, publicado en 1956. Una muestra de la pujanza económica del régimen fue el hecho de que en 1930 el presupuesto  general de la Nación era de RD$6, 6008.55.  y  en 1955 ya esa suma se había multiplicado 16 veces, al pasar a RD$108,124,235.

Galíndez  hace notar   que el gran  contraste  entre el intenso programa de obras públicas construidas por Trujillo  a 25 años de estar en el poder, y el progreso material del pueblo dominicano que era beneficiario natural de su obra y el crecimiento económico, pero no exactamente impactó la calidad de vida de la mayoría de la población porque  “los salarios más altos pagados en la Capital fueron de RD$3.56 al día en los transportes   aéreos, y el promedio general osciló alrededor de 2 pesos  al día”. Como  residente en Santo Domingo, Galíndez atestigua que en  la Era de Trujillo la población dominicana  mostraba niveles de pobreza apreciables  en los barrios más pobres de la capital. (Hoy pudiera alegarse que el dinero valía más en la era de Trujillo. El trasfondo del asunto es que había mala distribución de la riqueza --lo mismo que ahora-- porque  la inversión del Estado estaba orientada a satisfacer el “ego del Jefe”, en este caso del Presidente Leonel Fernández, no empleaba esos recursos en el  desarrollo humano del dominicano. El país cambió de cara, pero no la gente.

El dinero para financiar  la educación, la salud, la solución a los apagones, al  tugurio y al yaguerismo urbano, a la gente descalza y hambrienta en el piso de tierra y sin letrinas  ni sistemas  de agua potable  en muchos barrios y campos,  generado por nuestra democracia, están invertidos en mansiones y cuentas bancarias, en los bolsillos de los políticos y funcionarios enriquecidos por la corrupción de Estado, y que han sepultado muchas  esperanzas de cambio de la Nación.

Y cuando  esos recursos  han estado disponibles, asignados en papel  en la Ley del  Presupuesto General de la Nación para obras sociales,  han sido desviados hacia  dos objetivos estratégicos : construcción de obras faraónicas, imperiales , suntuosas,  y hacia el clientelismo político, con la expresa misión  de impulsar la reelección y perpetuar al mandatario de turno  en el  poder, como lo hizo Trujillo, durante 31 años, Joaquín Balaguer  en sus 22 años  de mandato reformista, como lo intentaron  Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía en sus 12 años de gobiernos perredeistas  y como lo hace ahora,  Leonel Fernández  en sus  casi 12 años de administración peledeista, y en el proyecto de búsqueda de su cuarto mandato.  Con dos millones de firmas  que lo “respaldan”, Fernández  ha dicho que  esta “reflexionando” sobre la petición de un grupo de legisladores de su partido para que finalmente asuma el proyecto reeleccionista. Lo que no se sabe de dónde han salido los recursos millonarios que han empujado su promoción en vallas, pancartas, y toda la propaganda política que desde el Estado se lleva a cabo consumiendo  dinero  para un proyecto que probablemente no llegue a cuajar por sus propias circunstancias, pero que ya ha causado mucho daño a su país y a su partido.

Nuestra democracia ha logrado avanzar en términos políticos y económico o-financieros, como en la era de Trujillo y Balaguer,  para  nuestros  grandes inversionistas ricos y para  la clase media alta (Cien mil dominicanos?), pero  ha empobrecido más a los profesionales de clase media baja en lo social y ha dejado muy pobre a la mayoría de la población.

TRES PARTIDOS  Y UN SOLO MODELO

Desde la caída de Trujillo, en los últimos 50 años,  hay un solo modelo de partido en el poder, con distintos presidentes, siguiendo el mismo patrón  de crecimiento económico sin inversión en la gente,  con mucha corrupción administrativa,  gobernando nuestra democracia. No importa el nombre ni el color del partido que nos haya gobernado: vivimos  en una dictadura del atraso, en permanente  afán reeleccionista  del gobernante elevado al solio presidencial, sin espacios para el cambio y la transformación.  Una democracia que quiebra el Estado cada cuatro anos.

Y  lo peor de todo, nadie puede vislumbrar cambios significativos en esa realidad, a corto plazo. Estamos frente a una democracia destruida a extremos inimaginables. Hemos caído en niveles tan degradantes que premiamos al que delinque y castigamos al que trabaja. El aparato judicial es mostrenco y cómplice de la tragedia nacional. El ladronzuelo cumple 30 años de cárcel y el que se lleva el erario público en los bolsillos goza de absoluta impunidad. Nuestro  liderazgo político ha perdido credibilidad, en el gobierno y en la oposición, porque  muestra una falta de voluntad política espantosa para cambiar ese estado de cosas.

Es más, el discurso de nuestros líderes  luce agotado,  Viejo,  vencido por la demagogia, la hipocresía y la mentira. Tan conservador, tan insensible al dolor y el sufrimiento de la población,  que ya no despierta el más mínimo encanto. A nadie ilusionan, como en los tiempos de Bosch y Peña Gómez. Murió el patriotismo, murió la pasión política. Porque el grado de conservadurismo y derechización  es tan grande  que temen  abordar  los temas más sensitivos y simples. Ningún candidato quiere tocar si quiera tocar temas “hirientes” a los intereses de los más poderosos. El  salario mínimo nacional, por ejemplo,  es tema tabú entre el liderazgo político que le teme a los empresarios. No son capaces de conciliar intereses  y ver a los trabajadores como aliados del capital de trabajo, como factor de incremento del consumo y la ganancia empresarial, a partir de un ingreso justo, equilibrado con el valor de la canasta  familiar.  Ni hablar de  los problemas  troncales, estructurales  de  injusticia social de nuestra democracia.

Ante la pérdida de credibilidad  del liderazgo y el desplome de la fe en el destino nacional, lo que se vislumbra es un panorama incierto, sombrío y peligroso. Ya comenzamos  a verlo  en los hechos.  Altos niveles de abstención electoral y la ola de ingobernabilidad social que comienza a tomar  cuerpo en nuestros  barrios  con la delincuencia desenfrenada.  Esta fuera del control de la seguridad del Estado, ahora más que nunca  la violencia social, el sicariato  y el narcotráfico.  La gente mata, roba y delinque más que nunca porque ve el perdón de los grandes delincuentes de Estado el mal ejemplo.  Una respuesta al desenfreno nacional  es la conducta popular de robarse la energía eléctrica en  barrios de clase baja y alta,  lo que ha convertido en impagable a muchos niveles de la sociedad el consumo de luz o el fastidio de los apagones.

El único  intento serio en hacer variar ese viciado rumbo histórico lo encabezó el olvidado profesor Juan Bosch en su frustrado ensayo de mandato, como primer gobernante democrático del país,  elevado al poder con el PRD en 1963 con las primeras elecciones libres a la caída del dictador. Pero lo bueno dura poco en el país. Las fuerzas del desorden y el atraso nacional  lo derrocaron a los siete meses.

En aras de impulsar  el clientelismo y la corrupción,  casi siempre en procura del poder desde el poder, el tripartidismo ha castrado las esperanzas de  progreso social y económico de la población más pobre,

La crisis del Estado frente a los dominicanos pobres  sigue profundizándose a niveles insospechados porque  nuestros gobernantes históricamente han despreciado la inversión en la educación, como lo demuestra la negativa del gobierno del presidente Fernández a cumplir con el 4 % para la educación, porque prefiere  la inversión de esos recursos  en la construcción del Metro de Santo Domingo, una nación sin luz, sin agua, llena de analfabetismo, solo por impulsar  el proyecto de la reelección o por perpetuar su partido en el poder.

En contraste con la realidad del PLD hoy día (donde los grandes acusadores de ayer son los grandes acusados de hoy) cabe recordar que tan preocupado vivía  Juan Bosch por el tema de la corrupción en el país, que a raíz del ascenso al poder del PRD, en 1978, con el presidente  Antonio Guzmán Fernández,  publico ó el famoso “Árbol de la Corrupción”, en  donde aparecieron funcionarios que antes vivían en guarderías y callejones,  en los peores tugurios de pobreza y marginalidad, como propietarios de  villas y mansiones  de  lujo.

Se repetía la historia de una clase media sin abolengo ni apellido que llegaba al poder para hacerse con el santo y la limosna, traicionando las promesas de “por el cambio sin violencia, vota blanco….pa” acabar la corrupción, vota blanco”,  típicas de las campañas electorales.

Tan escandaloso fue aquello, en su momento,  que hoy se sostiene que lo de Antonio Guzmán, el mejor gobernante que ha tenido el PRD (Abrió las puertas a la democracia, liberó los presos políticos y desbalaguerizó las Fuerzas Armadas y la Política Nacional), fue un suicidio producto de la profunda depresión que le provocó  todo aquel escándalo de corrupción en su gobierno, salpicando la  honorabilidad de su familia y a su propia hija, Sonia Guzmán de Hernández y su esposo ,  José María Hernández (fallecido recientemente), Secretario Administrativo y Sub-Secretaria de la Presidencia (1978-1982).

Lo del doctor Joaquín Balaguer, octogenario, ciego, y siempre  firme detrás del poder, tras sus primeros doce años gobernando con una maquinaria  de Estado terrorista, sangrienta y corrupta, era más que bien conocido. Con su constante proyecto reeleccionista fraudulento hizo que muchos miembros de su gabinete civil y militar amasaran  fortunas.  Los grandes hechos de sangre,  la banda colora, las desapariciones y encarcelamientos de  jóvenes inofensivos  siempre  estuvieron  acompañados  con el desfalco de los bienes públicos.

Y con su sangre  fría de siempre el ultraderechista  Joaquín Balaguer tuvo que admitirlo públicamente: “La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho”. Recorría todos los departamentos de su administración. Su gobierno estaba totalmente comprometido con una burocracia corrompida  que en sus cálculos había fomentado la creación de 300 nuevos millonarios (cifra que hoy se queda corta frente a lo que ha fomentado la corrupción en el PLD).

Una cúpula militar que hizo grandes fortunas, incluyendo oficiales, capitanes, coroneles y generales.  Construía y construida obras que vimos como faraónicas en su tiempo, como el Faro a Colón  y el Acuario,   y hacía barrios  con edificios urbanos que ocultaban las villas de miseria para deslumbrar a la gente común y corriente en su eterno proyecto reeleccionista, mientras las demandas por la construcción de escuelas, acueductos  y viviendas crecían a todo lo largo y ancho del país porque, otra vez producto  de la reelección,  relegaba  las prioridades nacionales a un segundo plano.

A lo interno del Partido Reformista Socialcristiano (PRSC), el caudillo implacable, Balaguer, aplastó todo intento de hacerle sombra en aquellos reformistas que quisieron disputarle la candidatura presidencial, como fueron Francisco Augusto Lora, Fernando Álvarez Bogart, Víctor Gómez Bargés, Julio Cesar Castaños Espaillat  y Jacinto Peynado. Al único que le permitió correr como candidato presidencial reformista en toda su historia fue a Jacinto, lo que nunca le perdonó que desafiara su liderazgo. Lo llevó como candidato presidencial en 1996, pero lo hizo quebrar sus empresas y, cruzándole por encima como rodillo, lo hizo saltar en pedazos cuando formó el “Frente Patriótico Nacional” con el PLD que apoyó a Leonel Fernández  en 1996 para cerrarle el paso a José Francisco Peña Gómez.

Los más graves problemas de la democracia dominicana del Siglo XX aún siguen vigentes con el ascenso al poder del PLD en 1996. La alianza política  con Balaguer hizo pensar  a todo mundo que aquella gestión había nacido maniatada para producir cambios.  Y así fue. El primer gobierno del PLD nació mutilado y así ha seguido, entregado a la derecha ultraconservadora, cavando la tumba de nuestra débil democracia.

Y tras casi tres mandatos constitucionales cumplidos,  la población ha visto desplomarse sus esperanzas de cambio social con el PLD.  La  corrupción,   los apagones,  el analfabetismo y la reelección  recuerdan   aquellos viejos tiempos de la sangrienta maquinaria balaguerista por la cual el pueblo dominicano derramó  tanta  sangre, dolor  y lágrimas en la década de los 70’s. Justamente es el mismo modelo  social  y económico faraónico seguido hoy por Leonel Fernández, olvidando  toda su trayectoria  como profesor de la  Universidad Autónoma de Santo  Domingo (UASD) y su lucha por el “medio millón para la UASD”.

Distante, frío y calculador, el estadista Leonel Fernández, como el Príncipe de Nicolás Maquiavelo,  practica la filosofía de que “el fin justifica los medios” y hace todo lo que le conviene para apalancarse como  gran caudillo nacional ,siguiendo a su gran maestro Joaquín Balaguer, e ignorando a sus propios compañeros de partido que como Danilo Medina, José Tomás Pérez, Francisco Domínguez Brito, Francisco Javier,   y los demás que quieren desarrollar sus propias aspiraciones presidenciales, han sido sus aliados de toda la vida en la lucha del PLD por alcanzar el poder.

ENMIENDAS  QUE SON CANCER DE NUESTRA  DEMOCRACIA

Cuantificar  la corrupción es ejercicio punto menos que imposible. Pero esta ahí, visible, en las fortunas de los nuevos ricos del PLD, la nueva clase gobernante que pudo hacer en diez años la acumulación originaria de capital. Golpea día a día la población más pobre en sus espaldas, como nuestro quemante  sol  caribeño. Son miles de millones de dólares que bien invertidos en la población habrían  derrotado  hace tiempo la pobreza  de  por lo menos dos millones de dominicanos  que  hoy  viven en la indigencia total con apenas 1 dólar por día para comer. Bien, pero como decía siempre  don Juan Bosch “en política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y las que no se ven son más importantes que aquellas que se ven”, una frase hoy día olvidada, como toda la teoría y practica política del bochismo. ? Porque la corrupción y la reelección destruyen la democracia,  tiranizan a los gobernantes y son la causa más profunda de nuestra derrota como Nación?

Es que a la hora de buscar una explicación de por qué la economía del país crece tanto, a ritmo promedio de 8 %  anual desde la Era de Trujillo hasta la fecha, ha estado siempre estable  y en crecimiento en los últimos 50 años con ligeras variantes y,  sin embargo, la pobreza es cada vez  más pobre, la gente está peor porque  nunca hay recursos para  combatir las bases de los problemas troncales de educación.  El trasfondo de toda esta problemática tiene un componente e político esencial: corrupción y reelección. Pero no hay dudas: somos un país rico en oro, en plata, en ferroníquel, sal, yeso, en más de 400 ríos, playas, turismo, tabaco, café, cacao y enormes tierras cultivables.

Desde el nacimiento de la República el 27 de Febrero de 1844 con  nuestra  primera constitución, aprobada  el 6 de Noviembre de 1844  hasta nuestros días, hace 166 años, la República Dominicana  ha realizado 39 enmiendas constitucionales.  De hecho, el conflicto inicial se fundamentó en el famoso artículo 210 que otorgaba poderes extraordinarios al primer presidente que fue el hacendado y militar Pedro Santana.  Nuestro primer gobernante, que había sido un general del ejército  haitiano, gobernó en tres oportunidades.  Su archienemigo, Buenaventura Báez, gobierno no en 6 oportunidades. Fueron los dos primeros caudillos de la política dominicana.  ? Cuáles han sido las reformas constitucionales que hemos tenido? Increíble, casi todas alrededor de extender o reducir el poder presidencial, y la creación de más senadores o más diputados. Disfrazadas  de reformas  institucionales, lo que siempre se ha buscado en  el fondo es dirimir disputas personales de poder, prolongar en el poder y  complacer  apetencias  del gobernante de turno para perpetuar una clase gobernante  enriquecida  a la sombra del erario público.

Las últimas tres reformas constitucionales (1994-2002 y 2010) son la reafirmación cabal y absoluta de ese comportamiento ordinario de nuestros gobernantes, e incrustado en la psiquis de la sociedad. En 1994, después del último gran fraude electoral de Joaquín Balaguer, esta vez contra José Francisco Pena Gómez, candidato presidencial del PRD, las negociaciones  de la crisis post-electoral  culminaron con un acuerdo de reforma constitucional  que prohibió la reelección consecutiva, aprobó la doble nacionalidad y dejo a Balaguer apenas dos años más en el poder.

La otra reforma fue convocada en el 2002 por el propio presidente Hipólito Mejía, quien después de haber jurado en más de 40 oportunidades a la ciudadanía que jamás aspiraría a reelegirse, con su mayoría de senadores y diputados en el Congreso, impuso en forma meteórica la reforma número 38 de la Constitución. Al vapor, modificó el artículo 49 y como único punto estableció la reelección presidencial en dos periódicos  consecutivos, es decir  8 años de mandato constitucional  y a partir de ahí el famoso “nunca jamás” , jubilando para siempre a los políticos que ejercieran el poder.

Fue el traje a la medida de Hipólito, quien ahora sostiene que aquello fue “una metida de pata”, sin reconocer, claro, que  movilizó millones y millones en su reelección con los recursos del Estado y que, aunque  sostiene que la corrupción paró  “en la puerta de su despacho”, su gobierno  (2000-2004) enriqueció a muchos de los funcionarios de su gabinete,  multiplicó la pobreza de la población y destruyó al PRD con otra división  feroz  con la partida de Hatuey Decamps que pasó a fundar el Nuevo Partido Revolucionario Socialdemócrata (PRSD) como resultado de esa crisis interna.

Como  podemos apreciar, la reelección es una enfermedad endémica  de la sociedad dominicana, una expresión de la cultura y la ideología del poder en la política dominicana,   que corroe el cuerpo social de la Nación desde su mismo nacimiento, el 27 de Febrero de 1844. Nuestro caudillismo es una sed insaciable de poder  que, como el cáncer, destruye todo  lo que encuentra a su paso.  El continuismo ha enfermado históricamente a casi todos nuestros gobernantes:   Pedro Santana,  Buenaventura  Báez,  Ulises Heureaux (Lilis),  Rafael Leónidas Trujillo, Joaquín Balaguer,  Hipólito Mejía y a Leonel Fernández. El continuismo, cual  cólera de la política dominicana,  ataca a nuestros estadistas inquebrantablemente  después que llevan dos años en el poder. El continuismo reeleccionista devora el Presupuesto del Estado al colocar las prioridades de la Nación atadas a las necesidades políticas del caudillo de turno.  Las complicaciones  surgen  cuando ya hay funcionarios ricos que se fanatizan con  la reelección del Presidente de turno,  no tanto porque crean en las políticas de Estado del gobernante , sino  porque  tratan de  proteger sus riquezas y asegurarse  la  impunidad  para ellos mismos.

Al concluir, como colopón,  regresemos a una frase de nuestro  Simón Bolívar: “La Libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la Libertad. Entumidos  sus  miembros  por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las Mazmorras, y aniquilados  por las pestilencias serviles, ?serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto Templo de la Libertad? ?Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?”.

 

La crisis de la energía eléctrica, los apagones,  imbatibles, el fracaso del sistema educativo, incapaces de resolver siquiera  el  tema del analfabetismo  y la recurrente  lucha  de poder.