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De poco sirve el discurso moral en un pueblo sin educación, sin salud, sin empleo, sin vivienda, sin agua potable, sin energía eléctrica y sin conciencia plena de sus problemas existenciales. El discurso moral suele perderse en la bruma del silencio de los medios de comunicación, de los periodistas y de los empresarios que los patrocinan.

“Vergüenza contra dinero” pudo tener algún valor en los tiempos lejanos del  líder cubano Eduardo Chibás, del puertorriqueño  Lluís Muñoz Marín, incluso de Juan Bosch, pero ahora, en los tiempos de Leonel Fernández, esa consigna no tiene valor práctico a menos que no esté acompañado de acciones  que impidan el uso de los recursos del Estado. 

La consigna “vergüenza contra dinero”, por sí sola, no evita la compra masiva de cédulas, ni otras expresiones propias del clientelismo, el paternalismo, el transfuguismo, incluso el fraude electoral.

En las elecciones del domingo no hay árbitro. Por lo tanto no hay condiciones para unas elecciones diáfanas que permita el libre albedrio de los ciudadanos a la hora de votar. Tampoco hay garantía de que los votos se cuenten como debe ser, ni que se respete la voluntad popular. 

 Se podría hablar, utilizando una expresión de Juan Bosch, de que asistimos a un “matadero electoral” donde el dinero, las Fuerzas Armadas, la Policía y demás organismos represivos del Estado estarán al servicio del partido y el candidato del gobierno.

Hipólito Mejía cuenta con los votos para ganar ampliamente las elecciones. El 98 por ciento de los sondeos en todo el territorio nacional los ha ganado por mucho Hipólito. Las encuestas que no ha comprado el gobierno también las ha ganado Hipólito. Legalmente no hay manera de que Hipólito pierda las elecciones de un hombre sin vida, sin alma, sin corazón  y sin carácter como Danilo Medina.

Hipólito tiene los votos para ganar mucho a poco, pero el gobierno tiene el dinero para comprar votos, compra r conciencia, comprar medios de comunicación y periodistas, comprar, incluso,  dirigentes del PRD, incluyendo su presidente.

En un país donde el presidente de la República se corrompe, corrompe su entorno  familiar, y gran parte de la sociedad,  la consigna “vergüenza contra dinero” no logra su cometido.  Los valores éticos-mortales se perdieron en la ignorancia de la gente y la ambición de los funcionarios del gobierno que no quieren perder, bajo ningún concepto, sus privilegios. 

Para enfrentar al grupo de bandoleros que dirige el país es preciso acciones   no sólo de carácter filosófico y moral. Al PLD hay que enfrentarlo y vencerlo en su mismo terreno, pero sin degradarse tanto, sin ahogarse en el fango de sus miserias políticas y humanas.

Es verdad que el pueblo tomó la decisión de salir del PLD. Esa decisión tiene que expresarse no solo en las urnas, sino en las calles, en los barrios y en los pueblos.

 El pueblo es el soberano. El pueblo manda. El pueblo debe ser la fuerza que motorice el cambio, la fuerza que impida, al precio que sea, que los bandoleros se mantengan en el poder violando su voluntad libérrima.

El domingo el voto debe ser masivo. La gente debe vencer el terror y el miedo. Enfrentar la represión militar y policial. La gente que coja lo que le dé el gobierno, pero  que vote por Hipólito. Que nadie sienta vergüenza al aceptar las prebendas de Leonel, Danilo y Margarita, pero a la hora de votar,  que tenga vergüenza y vote por Hipólito.

El domingo la gente debe salir a las calles a defender su voto, a defender su voluntad. Congregarse pacíficamente cerca de su centro de votación para que no le hagan “cucara macara”.

15/5/2012