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El miedo a perderlo todo y terminar sin ningún crédito público bajo la acusación de corrupto, con la certeza de terminar en la cárcel, unificó al Partido de la Liberación Dominicana y al gobierno alrededor de Danilo Medina.

La ecuación era simple: La cárcel o Danilo.

La advertencia la dejó implícita el candidato opositor Hipólito Mejía en su lucha contra la corrupción que, según organismos internacionales, le cuesta al país entre un tres y un cinco por ciento del Producto Interno Bruto, es decir, alrededor de cien mil millones de pesos, que multiplicados por  8 años suman 800 mil millones, suficiente para llenar de escuelas y hospitales todo el territorio nacional.

La cifra puede ser mayor si tomamos el cálculo de Leonel Fernández de que la corrupción se lleva el 30% del Presupuesto Nacional.

El PLD es la empresa económica más poderosa que tiene el país hoy día. En más de 200 años ningún grupo económico acumuló tanto dinero como lo hizo la cúpula del PLD en 8 años. Ese grupo, además del poder económico, tiene el poder político, militar, religioso y  mediático. 

Leonel Fernández prometió “invertir el fardo de la prueba”,  de tal manera que los funcionarios tendrían que demostrar la procedencia de sus bienes ante la justicia. Hizo lo contrario: protegió el fardo de la prueba para permitir la acumulación de capitales mientras inhabilitaba la justicia para garantizarle impunidad a los corruptos...

Hipólito prometió acabar con la corrupción pública. Dijo que así “como hay banqueros presos, también habrán políticos presos. Es tiempo de acabar con la impunidad. El sindicato de bandoleros del Palacio Nacional tiene que salir del poder”, sentenció.

 Eso no sólo asustó a los políticos del PLD, convertidos en prósperos empresarios, sino a los empresarios del sector privado favorecidos con la prevaricación. También entraron en pánico los llamados poderes fácticos, altamente beneficiados con la corrupción. Todos se unificaron para impedir que Hipólito llegara al poder. Era un asunto de vida o muerte.

En principio la gerencia de la corporación económica PLD no quería que Danilo fuera el candidato. No lo creyó fiable. El proyecto reeleccionista no cuajó a pesar de los dos millones de firmas falsas que se presentaron  en el Palacio de los Deportes. Lanzaron al Vicepresidente. Pero tampoco cuajó. Los demás inventos provocaron risa. Surgió como figura salvadora  Margarita que con más de mil millones de pesos anuales manejados a su antojo logró altos niveles de popularidad. La gente de Danilo se plantó en dos patas y amenazó con dividir al partido.

A regañadientes la corporación PLD aceptó la candidatura de Danilo. Pero con la condición de llevar a Margarita como vice. Ella es su salvoconducto. Ante cualquier eventualidad (¿?) ella sería la presidenta de la República.

La impunidad está garantizada. Ahora  nadie irá a la cárcel. Habría que ser muy ingrato para investigar el caso  SunLand y los 130 millones de dólares que según Jaime Aristy Escuder le fueron robados al país. Habría que ser muy ingrato si después de lo que invirtieron en la campaña  Félix Bautista, Chío Jiménez, Díaz Rúa, entre muchos otros, tienen que ir a los tribunales para explicar la procedencia de sus aviones, helicópteros, torres, villas, y millones de dólares y euros depositados en bancos extranjeros.

Con Hipólito “el sindicato de bandoleros” terminaría en los tribunales y en la cárcel. Con Danilo la impunidad está garantizada. ¿O no, Danilo?

¡Nunca como ahora he querido estar equivocado! ¡Lo juro por mi madrecita muerta!

1/6/2012