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El ser humano tiende a una regresión a la media --a la mediocridad-- en el crecimiento corporal de su estatura. Esta (La regresión) “se utiliza para predecir una medida basándonos en el conocimiento de otra”.

De ahí las teorías que introdujeron, primero Francis Galton, a finales del siglo XIX, en el año de 1889, y luego su amigo, Karl Pearson, cuando llegaron a la conclusión “de que los padres muy altos tenían una tendencia a tener hijos que heredaban parte de esta altura, pero que develaban también una tendencia a regresar a la media”.

Francis Galton generalizó esta tendencia bajo la “ley de la regresión universal”, que dice: “Cada peculiaridad en un hombre es compartida por sus descendientes, pero en media, en un grado menor”.

No sucede así con las personas en las aspiraciones de su mejoría en las condiciones materiales de existencia en el discurrir de la historia, de la vida, en su permanencia en este mundo de desigualdades sociales y de la muy injusta distribución de las riquezas que se producen en cada país.

Esta ley científica y por ende demostrada de “la regresión a la media”, de “una tendencia natural a la mediocridad en el ser humano”, se puede aplicar correctamente a lo que ha venido aconteciendo en los característicos enfrentamientos de los máximos dirigentes o cabezas políticos del PRD por controlar esa organización a través de los años.

A saber:

Cuando el Profesor Juan Bosch renuncia del PRD, el 18 de noviembre del año 1973, y de paso se va con él la gran mayoría de los principales dirigentes del partido, su crema innata y además ya eran jóvenes intelectuales y políticos bien formados.

Aunque hay que reconocer que la salida de Juan Bosch del PRD le abre las puertas de par en par al joven que ya pregonaba que “él era un astro con luz propia”, el doctor José Francisco Peña Gómez.

Ciertamente, la salida del Profesor Bosch del PRD fue un golpe demoledor para la organización, y sus consecuencias no fueron nefastas por el innegable talento del joven político para ese tiempo, el doctor Peña Gómez, debido a su liderazgo que ya estaba afianzado y sólo lo opacaba la sombra del Maestro, pero una sombra de un árbol políticamente bueno, que ha dejado sus frutos y los sigue dejando.

El siguiente conflicto de envergadura que en el devenir histórico le toca vivir al “partido del jacho prendío”, es el que enfrenta al doctor José Francisco Peña Gómez y al licenciado Jacobo Majluta. A la sazón, el primero: el carismático y líder máximo del PRD, y el segundo; el hombre producto, mercadeable, con todas las características propias de ofertarse como un candidato que sería bien aceptado por casi todos los sectores nacionales.

De ese choque de trenes nacen el BIS y el PRI, y también el alejamiento del partido blanco de subir las escalinatas del Palacio Nacional…Aunque existía un líder, Peña Gómez, es decir, la garantía de retomar el camino o amainar las turbulentas aguas.

Las contradicciones de Jacobo Majluta y Salvador Jorge Blanco o las de José Francisco Peña Gómez y Antonio Guzmán, eran más coyunturales y de intereses personales, ya que estos dos ex presidentes sus citados intereses no parecían ser o no aspiraron nunca a controlar o ser jefes políticos en su partido, sino de controlar el poder desde el Estado.

También en estos escenarios el liderazgo de Peña Gómez era sólido dentro y fuera del PRD; no había cuestionamientos, se imponían sus cualidades políticas muy superiores.

Ahora planteamos que viven una regresión, caminan rumbo a la mediocridad, ya que los debates, conflictos, confrontaciones y divisiones políticas en el PRD, que han sido tan frecuente, ha pasado de dos líderes formados, carismáticos, con niveles y capacidades de conceptualización del más alto nivel, como eran las del Profesor Juan Bosch y el doctor José Francisco Peña Gómez, a los niveles y liderazgos de los ingenieros Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado. Ha pasado esta situación de lo sublime a lo…

Además, este conflicto tiene todas las connotaciones de que él mismo ha pasado al plano personal, con el agravante de que los dos involucrados principales no poseen una recia formación política y que también hay muchos dirigentes involucrados sin futuro político, ya que por razones biológicas –esto es irreversible y notorio-- no pueden aspirar a resolver sus conflictos en un mediano y largo plazo; por lo cual apuestan al todo o nada.

Finalmente, ¿qué pasará con el partido que se hacía llamar “el buey que más jala” o también el de “la esperanza nacional”? Una organización política tan grande y con tantos dirigentes a niveles medios, intermedios y superior, pero con una variable inexistente, o por lo pronto no se vislumbra, de un talento unificador de esta fuerza tan arraigada en la conciencia nacional…A veces se nos parece el PRD a un río caudaloso, aunque sin rumbo ni dirección de ningún tipo.

02/7/2012