Destelao.com te informa

 

En  la  continua  espiral   delictiva  en que  se  han involucrado  altos  oficiales,  en su mayoría  académicos, tanto  de la  Policía  como  de los  organismos  castrenses,  empero,  no  se  ven  acciones  que  al  menos  intuyan  a que  se  sancionen  a  estas  bostas de mal  agüero, sentando  precedentes  funestos  para  la  vida institucional  del país.

 

Por  el derrotero  que  vamos,  sin dudas,  la  percepción  toca  ya  niveles  de  serias  y  contundentes  acciones  de parte  del  Ejecutivo, de lo  contrario la  desobediencia  civil  hará  estragos,  dado  la  cantidad  de  hechos  putrefactos  que  a  diario   cometen quienes  deberían  de  protegernos.

Dejamos, amigos  lectores,  este trabajo  que publicáramos  hace  meses,  empero,  hoy   vigente,  gracias   a los  pestilentes hechos  protagonizados  por  oficiales  de  policía  y  las  Fuerzas  Armadas.

Fue  Robert Muller,  hace  años,  aún director  del Buro Federal  de Investigación, FBI,  quien  dio  la  voz  de  alerta  ante  el  axial corrupto  de  la  alta  oficialidad militar y policial  con  el crimen organizado.

En una  de   sus  visitas  al  país,  donde  se reunió  con el presidente  Leonel  Fernández,  dando  informaciones  de los nexos  de  **los  académicos**  con  personajes  del  sub  mundo  de las  drogas,  sicariato, trata  de  humanos,  así  como  la  connivencia  de  **oficiales  jóvenes**  con la  protección  y  encubrimiento  de extranjeros  buscados  por  organismos  internacionales.

Luego, fueron  embajadas  de  la  Unión  Europea  que  revelaron  de  la  complicidad  de  **oficiales  cercanos  a  jefes militares** ligados  a serios  involucramiento  a  acciones criminales  contra  nacionales  de  España, Alemania, Italia al  igual  que  otras  naciones del  viejo continente.

Estas legaciones  diplomáticas  hicieron llegar  a sus  respectivas  cancillerías,  de  las  burdas  y  abiertas acciones de  encargados  zonales, militares,  en el despojo de  bienes  inmuebles  en  complicidad  con  personal  del  Ministerio  Publico   en toda  la  costa nordeste: Puerto Plata, Sosúa,  Rio  San Juan, Samaná y Las  Terrenas.

Se  recuerda  el  involucramiento del  entonces fiscalizador de Sosúa,  asesinado, de apellido Peñaló,  al igual  que  un oficial  policial  adscrito  a  la  Dirección  Nacional de Control  de Drogas, DNCD,  acribillado en San Cristóbal,  de donde  era  oriundo.

Más  tarde,  fue la  presión  de  varias  naciones incluyendo Estados  Unidos,  para  el  esclarecimiento del  asesinato múltiple  de  siete  colombianos,  ejecutados por  altos  oficiales pertenecientes  al Estado  Mayor  de  la  Marina  de Guerra, los  cuales,  se desempeñaban como  asistentes del  jefe  de  ese  organismo castrense, hoy con  sentencias  condenatorias, pese  a que  se  desconoce  el rumbo  de las  toneladas  de drogas  que lograron penetrar  al  país, así   como el supuesto cargamento de dólares.

Empero, el no tan reciente  relato de  Roberto Escobar  Gaviria, tratando de  hacer  un libro,  el cual intitulo “Mi  Hermano  Pablo”,  en referencia  al zaar  de las  drogas en Colombia,  Pablo  Escobar  Gaviria, donde  da  a conocer de las  maniobras,  nexos,  complicidad que  utilizó el  segundo  para  llegar  al cúmulo  de  tan  elevada  fortuna,  de las manos  de  altos  jefes  militares en la zona  de  Perú, Venezuela, Colombia, Haití, Republica  Dominicana, Isla  Vírgenes, etc..

Revela Roberto  Escobar Gaviria que su  hermano  Pablo  tenia  la  protección de Vladimiro  Montesinos, entonces  jefe  de una  división militar, mas  tarde,  mano derecha  del  entonces  presidente  Alberto Fujimori, el cual  permitía   el trasiego  de  enormes cargamentos aéreos de  pasta  de cocaína para  ser  procesada  en  fincas  del jefe  del narcotráfico  en Colombia.

Dice  en su  relato, Roberto Escobar, que  en  el  desgobierno de  Raúl Cedrás, hoy  inquilino  en  nuestro paradisiaco  Este del país,  donde  según la  Drug Enforcement Administracion, DEA,  la zona  turística  ha pasado  hacer  el  depósito  y  embarque  de  grandes alijos  de  drogas, allanó  el  terreno  junto a  jefes  militares  de entonces, al trasiego de  estupefacientes, los  cuales  eran pagados ipso facto, diez mil  dólares  por cada  avión  que  tocaba territorio dominicano,  siempre  en la  región de  Pedernales y  Barahona .

En la  página 151 del  relato  “Mi Hermano  Pablo”, Roberto Escobar Gaviria revela **que  Raúl Cedrás, dictador  de Haití, también  estuvo  en la nomina de  mi hermano……a  sabiendas  de la importancia  que resultaba  la isla por su ubicación  estratégica para  recibir  y sacar  droga**.

En  otro aparte,  Roberto,  reseña que  los pagos  a  Cedrás siempre en  efectivo,  alcanzaban  para  la  compra  de los  jefes militares  en  Santo Domingo, los cuales  colaboraban además  de las  informaciones  confidenciales  sobre  la vigilancia  norteamericana  como  permitiendo el  aterrizaje de las  avionetas,  así como  el  desplazamiento hasta los puntos  de embarques.

Es por  ello,  como se observa, la  “dolce  vita”,  que lleva  Cedrás, de manos  de  los  retirados, pero millonarios ex  generales, tanto de la Marina  de Guerra, Fuerza Aérea y Ejercito Nacional, donde  muchos  han dejado  como herencia a sus  vástagos o  aventajados, los nexos  del criminal  engranaje.

Dadas estas  premisas se  concluye  el por  qué  de  tantos  jóvenes  oficiales,  coroneles, tenientes coroneles, mayores, capitanes, tenientes,  en su mayoría  académicos,  con  fortunas  que no soportan  el más  leve  experticia, donde son propietarios  de  dealers, discotecas, fincas, restaurantes,  hoteles,  moteles, estaciones  de  gasolina, lujosos  apartamentos, empero,  esto no son  investigado  por las  inoperantes  agencias  de inteligencias  del Estado,  ya  que  en muchas,  son dirigidas  por  gavirias  pertenecientes  a este axial corrupto, tal  como lo informara  en un despacho una  importante embajada  en el país.

Esta  vez  en voz  de  un  funcionario de la  Embajada de  Estado Unidos, en una  actividad  en  uno de los  organismos  castrenses,  actuando  en ese  entonces  como el máximo  representante interino,  cuando  reveló:  lo penoso  de los hechos   en que oficiales  de la institución-DNCD- llamada  a  combatir el narcotráfico,  se  involucren  en actividades  delictivas.

En  tanto,  anuncia en la fecha la  Policía  Nacional  de la  cancelación  de  cuarenta y  seis  oficiales y alistados, dado  sus  nexos  con  actos  reñidos,  empero, todos,  sin ser  sometidos  a los  tribunales, por lo que  se colige  que seguirán   con sus  actividades  delictivas, claro  está,  con el apoyo  de  otros  miembros  de la uniformada  en los  departamentos  que  hoy son expulsados…. Entonces  en que diablo estamos, carajo, más  de lo mismo.

No hay,  a la fecha  un solo  coronel guardando  prisión, mucho menos  alguno de la  gusanera  del  generalato por la  comisión  de hechos  ligados  al narcotráfico, no obstante,  la vocinglería de  cornetas  del periodismo corporativo,  beneficiado  con bienes incautados,  pagos  extraordinarios pero  con igual  miasma  que  los uniformados.

Por cierto, el acribillado teniente coronel  Casilla  Minaya,  de  Asuntos  Internos  de la Policía,  indagaba además,  de otros casos,  la  entrega  de  varios  millones  de  pesos  en efectivo  entregado  a  un alto oficial  de la  uniformada por  varios  **empresarios** de  Katanga,  Los  Minas,  por concepto  de  que……….. Continuará