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Los cambios que se han producido  en nuestra sociedad supuestamente moderna, en el ámbito de la juventud, han sido totalmente en retrospectiva. La problemática  juvenil  tiene que ser enfocada desde la responsabilidad del Estado y de la familia. Sabiendo que cada sociedad   produce sus propios delincuentes, o lo que es mejor,  las clases gobernantes necesitan de jóvenes alienados, para mantenerse en el poder. Sin embargo hoy podemos  comparar, como han sido estos cambios. 

En los 60 y 70 la juventud aparecía en la agenda pública por su rebeldía o por su  fervor revolucionario. En la agenda actual,  aparece por el fenómeno de la delincuencia. Aquella era una juventud nacida bajo el ala protectora del Estado de Bienestar, con necesidades materiales básicas cubiertas y con perspectivas laborales promisorias,  Estado que ha desaparecido ante el neoliberalismo. 

 Para la juventud de ayer  un título universitario era garantía de un buen trabajo y los que no lo poseían, podían al menos confiar en acceder a un trabajo estable. Desde allí era posible sostener proyectos vitales, como independizarse de sus progenitores. Pero aun cuando el presente y el futuro les  sonreían, aspiraban a transformar radicalmente la sociedad aun a costa de  su propia vida. 

 La juventud actual es hija del neoliberalismo donde el futuro es incierto y por lo tanto le resulta difícil sostener proyectos de vida a corto, mediano y a  largo plazo; está afectada por altas tasas de  desempleo: el desempleo juvenil se  duplica en América Latina. 

El título universitario no es ya un  eslabón  al éxito sino un paracaídas que amortigua el choque contra el mercado de trabajo.  La juventud  de hoy  vive bombardeada por invitaciones a consumir y señalada con el dedo por el incremento de la delincuencia. 

 Los jóvenes de  ayer eran actores  colectivos,   por un proyecto de vida  para la sociedad y para ellos mismos. Los actuales no tienen ni lo uno ni lo otro. Por otro lado, los  actores sociales y políticos de la sociedad actual parecen no entender   la gravedad de la situación juvenil y prefieren  pensar  que “esto se arregla con mayor crecimiento económico” o  “se resuelve con mejores policías”. 

Hoy,  los jóvenes no tienen utopía y  cuando aparecen las pierden  o se  las hacen    enterrar. ¿Volverán a ser actores  de  un proyecto nuevo de sociedad? ¿O al menos de proyectos que den respuesta a la propia realidad juvenil?  Recomiendo a los que  elaboran o deben elaborarlas políticas publicas en este aspecto, leer e interpretar, “ las fuerzas  morales “ de JOSE INGENIERO,  en la cual plantea como debe ser la juventud de América  para lograr el  éxito y el bienestar social,   después de terminada la primera guerra mundial.

La Dra. Dalin Olivo Plasencio es médico cirujano general, ayudante del departamento de Cirugía General del hospital Taiwán de Azua, República Dominicana; Lcda. en  Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, magister en Derecho y Relaciones Internacionales, de la misma universidad, diplomado en Derecho Internacional Humanitario, Derecho Notarial, Derecho Procesal Penal y Derecho Médico, diversos estudios en el ámbito internacional sobre la paz y manejo de conflictos. Coordinadora del Bloque de Organizaciones Comunitarias del sector de Herrera, municipio Santo Domingo Oeste y actualmente forma parte de las ternas para escoger el suplente al Defensor del Pueblo.

13/09/2012